El foco se apaga, pero el contrato sigue vigente. Crónica de una caída libre programada que las cámaras deciden ignorar.
Nos vendieron el obituario de la televisión tradicional hace una década. Sin embargo, las búsquedas masivas de emisiones en tiempo real demuestran que, a la hora de la verdad, preferimos el caos del directo a la biblioteca infinita.