Nos vendieron la revolución del streaming deportivo a precio de saldo. Hoy, entre demandas millonarias en Francia y tarifas que asfixian, el modelo de suscripción sangra a un aficionado empujado irremediablemente hacia la piratería.
Mientras te dejas el sueldo en cinco suscripciones para ver un partido, un canal público sobrevive con presupuesto de guerra y una misión suicida: salvar a los deportes que el algoritmo ignora.