Olvida los neumáticos blandos y las trazadas perfectas. El verdadero juego en la sesión de clasificación de MotoGP se disputa en los despachos, donde los márgenes de beneficio son más estrechos que en la pista.
Lloras por un gol en el minuto 90, pero en los despachos solo ven subir la curva de los derechos televisivos. El fútbol es ya un producto financiero de 4.500 millones.
Olvídate del sol. La hora a la que arrancan los monoplazas se decide en despachos cerrados, donde los husos horarios son la moneda de cambio para inflar los contratos televisivos.
Olvídate de la épica del minuto 90. La verdadera final se juega en los despachos de la UEFA y en las hojas de cálculo de los patrocinadores. ¿Fútbol? No, puro contenido.