Iago Aspas se ata las botas bajo la lluvia gallega mientras un gigante francés aterriza con sed de conquista. Más que un partido, un choque visceral de filosofías europeas.
Mientras el balón rueda en Balaídos, en las calles gallegas se juega otro partido. Una inyección de millones y un choque cultural que redefinen el tejido local y contable.