Dos tragedias en una semana y una alerta eólica perpetua. Mientras la administración presume de planes digitales, la realidad del parque inmobiliario envejecido y el clima extremo reducen las promesas a cenizas.
Nos venden la idea de la 'catástrofe inevitable', pero cuando una ciudad se convierte en Venecia sin góndolas, no es furia divina: es un fracaso de diseño y mantenimiento.
La borrasca Ingrid no trajo solo rachas de 150 km/h; trajo la confirmación de que nuestra 'excepcionalidad' es la nueva rutina. Y no estamos listos.