Melbourne no es solo otro torneo para el murciano; es una batalla contra su propia naturaleza. Mientras el mundo espera la coronación definitiva, Carlitos pelea contra fantasmas que no se ven en las estadísticas.
Olvíden la poesía de Federer o la furia de Nadal. El nuevo rey del tenis no grita, no rompe raquetas y apenas suda. Jannik Sinner ha traído algo más aterrador a la pista: la perfección clínica.
Olviden las fresas con nata de Londres. Aquí se desayuna calambre y se cena épica. El Open de Australia no es solo el primer Grand Slam; es el filtro brutal que decide quién sobrevive al año.