Nos vendieron la austeridad y la reutilización. Cuatro años después, la pista de bobsleigh de Cortina es el monumento perfecto al despilfarro que nadie pidió pero todos pagaremos.
Olvida las postales de cielos azules infinitos. Entre nieves históricas y noches tropicales que no dan tregua, la capital libra una guerra silenciosa contra su propia geografía.
Nos venden la idea de la 'catástrofe inevitable', pero cuando una ciudad se convierte en Venecia sin góndolas, no es furia divina: es un fracaso de diseño y mantenimiento.