Con 18 años y apenas unos minutos en la élite, su rostro ya es una marca registrada. Detrás del estrellato del canterano se ocultan urgencias presidenciales y un club sediento de escudos mediáticos.
Entre palancas financieras que crujen y una cantera exprimida al límite, el relato oficial se desmorona. ¿Cuánto tiempo puede un club vivir de la nostalgia antes de que la realidad cierre el grifo?