Olvida la música de John Williams. Mientras los tabloides gritan "¡Ataque!", los datos sugieren algo mucho más inquietante: estamos viendo fantasmas donde deberíamos ver esperanza.
Mientras pedimos otra ración de mero en la terraza, el Mediterráneo se tropicaliza en silencio. La toxina que temían en el trópico ha cruzado el Estrecho y la pregunta no es si habrá más casos, sino si nuestros controles están diseñados para esta nueva realidad.