Nos vendieron el funeral de la televisión lineal, pero las gráficas esconden una verdad incómoda: cuando el mundo arde, nadie abre Netflix. Todos teclean lo mismo.
Mientras tú cruzas los dedos frente al televisor, el Estado ya ha ganado antes de que salga la primera bola. Disección de un ritual que disfraza de milagro una tasa matemática a la pobreza.
Mientras las audiencias de la cuarta edición se desploman, te cuento lo que pasa en los despachos de Zeppelin. ¿Por qué seguimos mirando aunque digamos que huele a cerrado?