Melbourne no es solo otro torneo para el murciano; es una batalla contra su propia naturaleza. Mientras el mundo espera la coronación definitiva, Carlitos pelea contra fantasmas que no se ven en las estadísticas.
Lorenzo juega como un poeta del Renacimiento; Novak, como un algoritmo diseñado para demoler la poesía. Su último cruce no fue solo un partido, fue una lección brutal sobre la diferencia entre gustar y ganar.
Olvíden la poesía de Federer o la furia de Nadal. El nuevo rey del tenis no grita, no rompe raquetas y apenas suda. Jannik Sinner ha traído algo más aterrador a la pista: la perfección clínica.