Olvíden el marcador. En La Cerámica se jugó algo más denso: el miedo a la irrelevancia de dos clubes condenados a correr para quedarse en el mismo sitio.
En una Liga obsesionada con el 'glamour' galáctico, el capitán del Espanyol encarna una resistencia silenciosa. ¿Puede la lealtad competir contra el PIB de una multinacional?