Mientras La Romareda ruge exigiendo un lugar en la élite que cree suyo por derecho divino, el Eibar responde con hojas de cálculo y presión alta. ¿Sirve de algo la historia cuando el balón rueda en el barro de la categoría de plata?
La Romareda acoge hoy algo más que un partido de la jornada 22. Es el choque frontal entre un gigante que se asfixia en su propia urgencia y un filial que respira el aire puro de la sostenibilidad. ¿Quién paga la factura de los sueños rotos?