Nos han convencido de que bajar una cifra en un análisis de sangre es sinónimo de inmortalidad. Pero cuando apartas el marketing, la estadística cuenta una historia muy diferente (y menos rentable).
Entre audios de WhatsApp apocalípticos y un Sergas hermético, la viruela del mono regresa a la conversación gallega. Spoiler: el problema no es solo el virus, es nuestro cansancio.
Mientras pedimos otra ración de mero en la terraza, el Mediterráneo se tropicaliza en silencio. La toxina que temían en el trópico ha cruzado el Estrecho y la pregunta no es si habrá más casos, sino si nuestros controles están diseñados para esta nueva realidad.
Mientras las autoridades se felicitan por las incautaciones de cocaína, una marea de opioides sintéticos y cócteles psicoactivos indetectables inunda las urgencias. ¿Por qué nadie habla de lo que no sale en las estadísticas?