Mientras pedimos otra ración de mero en la terraza, el Mediterráneo se tropicaliza en silencio. La toxina que temían en el trópico ha cruzado el Estrecho y la pregunta no es si habrá más casos, sino si nuestros controles están diseñados para esta nueva realidad.
Mientras las autoridades se felicitan por las incautaciones de cocaína, una marea de opioides sintéticos y cócteles psicoactivos indetectables inunda las urgencias. ¿Por qué nadie habla de lo que no sale en las estadísticas?