Dicen que la era de la estrella de cine ha muerto, asfixiada por el spandex y las franquicias. Denzel Washington no solo refuta esa tesis; la humilla con una rentabilidad que ningún modelo predictivo logra explicar.
No llamen a esto un simple 'regreso'. En los despachos de las productoras se habla de una estrategia calculada: la reactivación de un icono para una audiencia que tiene la tarjeta de crédito pero ya no mira televisión abierta.