Nos vendieron el funeral de la televisión lineal, pero las gráficas esconden una verdad incómoda: cuando el mundo arde, nadie abre Netflix. Todos teclean lo mismo.
Nos vendieron el obituario de la televisión tradicional hace una década. Sin embargo, las búsquedas masivas de emisiones en tiempo real demuestran que, a la hora de la verdad, preferimos el caos del directo a la biblioteca infinita.