Lorenzo juega como un poeta del Renacimiento; Novak, como un algoritmo diseñado para demoler la poesía. Su último cruce no fue solo un partido, fue una lección brutal sobre la diferencia entre gustar y ganar.
Le piden que sea Nadal, Federer y un influencer de TikTok al mismo tiempo. ¿Puede un chico de El Palmar sobrevivir a la maquinaria que devora ídolos antes de que cumplan 25?