Cuando los servicios mínimos se decretan al 85%, la frontera entre la protesta y la normalidad se desdibuja. Analizamos la coreografía de un paro que irrita al usuario sin despeinar a la administración.
Mientras Europa avanza hacia la integración total, España sigue atrapada en una guerra de competencias donde tu tarjeta de metro deja de existir si cruzas una frontera invisible.