La tiranía del piloto verde: el teatro de la productividad en España
Nos vendieron la libertad del teletrabajo y compramos una cadena digital. En la nueva cultura corporativa española, el silencio es sospechoso y la reunión es el único trabajo que cuenta.

¿Alguien se ha parado a mirar los números reales? Porque si observamos fríamente el calendario promedio de un mando intermedio en Madrid o Barcelona, la conclusión es aterradora: no estamos trabajando, estamos reunidos hablando de cómo vamos a trabajar.
La narrativa oficial es seductora. Nos dicen que la digitalización nos ha hecho ágiles, que el modelo híbrido es la panacea de la conciliación. Mentira. Lo que hemos hecho en España es digitalizar el vicio más antiguo de nuestra cultura laboral: el presencialismo. Antes se trataba de dejar la chaqueta en la silla hasta las ocho de la tarde; ahora se trata de mantener el piloto de Teams en verde (ese semáforo tiránico) y responder al Slack en menos de tres minutos. ¿El resultado? Una cacofonía constante que impide, paradójicamente, hacer cualquier tarea que requiera más de quince minutos de concentración profunda.
"El silencio administrativo, que antes era un espacio para pensar, hoy se interpreta como absentismo. Si no haces ruido digital, no existes."
El problema no es la tecnología, es la inseguridad. En un entorno donde la confianza brilla por su ausencia, la call se ha convertido en el mecanismo de control por excelencia. No nos reunimos para decidir, nos reunimos para que se vea que estamos ahí. Es el teatro de la productividad llevado al paroxismo.
La muerte del trabajo asíncrono
Se suponía que las herramientas como Asana o Trello iban a liberar nuestras agendas. La realidad es que las usamos, sí, pero luego convocamos una reunión de 45 minutos para leer en voz alta lo que ya está escrito en la tarjeta. Es absurdo. Hemos creado una burocracia digital que duplica los procesos.
¿Y qué pasa con la salud mental? La fatiga de Zoom no es un mito urbano, es la respuesta fisiológica de un cerebro que no está diseñado para procesar veinte caras pixeladas mirándote fijamente mientras intentas disimular que estás contestando correos en la otra pantalla.
👀 ¿Por qué tu jefe convoca tantas reuniones inútiles?
No es por maldad, es por ansiedad de relevancia. En la estructura tradicional española, muchos roles de gestión justificaban su sueldo supervisando físicamente. Sin la oficina, sienten que pierden el control. La reunión constante es su forma de validar su propia existencia laboral: "Si coordino una reunión, entonces estoy gestionando".
Estamos criando una generación de trabajadores reactivos. Gente que empieza su jornada real a las seis de la tarde, cuando por fin callan las notificaciones y se acaba el desfile de Google Meets. Eso no es sostenibilidad, es una bomba de relojería para el burnout.
La verdadera revolución no será el teletrabajo, será el derecho a la desconexión real. El derecho a trabajar tres horas seguidas sin que nadie te pregunte "¿tienes un minuto?" (que nunca es un minuto). Hasta que no entendamos que la disponibilidad permanente es enemiga de la productividad, seguiremos siendo hámsters muy ocupados corriendo en una rueda digital de alta definición.
Le pouls de la rue, les tendances de demain. Je raconte la société telle qu'elle est, pas telle qu'on voudrait qu'elle soit. Enquête sur le réel.