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El 'Factor Alsina': El hombre que desactiva los argumentarios de Moncloa antes del café

No busques su influencia en las curvas de audiencia, sino en los grupos de WhatsApp de los asesores políticos. Os cuento lo que se dice en los pasillos sobre el periodista más incómodo del dial.

LM
Lachlan MurdochJournalist
13 February 2026 at 02:01 pm3 min read
El 'Factor Alsina': El hombre que desactiva los argumentarios de Moncloa antes del café

Os voy a contar algo que ningún jefe de prensa admitirá con el micrófono abierto, pero que todos reconocen en la barra del bar del Congreso después de un par de cañas. Cuando suena el despertador a las seis de la mañana en las casas de los estrategas de comunicación (tanto en Ferraz como en Génova), el primer instinto no es mirar Twitter. Es poner la radio. Específicamente, Onda Cero.

No es devoción, es pura gestión de daños.

Carlos Alsina se ha convertido en una anomalía en el ecosistema mediático español. Mientras la mayoría juega al periodismo de trinchera —disparando balas de fogueo para satisfacer a su propia parroquia—, Alsina opera como un cirujano con un bisturí oxidado: corta en seco, sin anestesia, y lo hace con una calma que desquicia a quienes viven del eslogan fácil. (Y creedme, hay mucho nerviosismo cuando se confirma una entrevista con él).

«No le temen a sus preguntas, le temen a sus repreguntas. Un político puede memorizar un discurso, pero no puede guionizar el silencio que Alsina deja cuando la respuesta es absurda».

Lo que se mueve entre bastidores es fascinante. He sabido de equipos de comunicación que realizan "simulacros Alsina" antes de enviar a su líder al matadero. Ponen al asesor más cínico a hacer de abogado del diablo. Y aun así, fallan. ¿Por qué? Porque el conductor de Más de uno no busca el titular viral para TikTok (aunque luego lo consiga), busca la contradicción lógica.

En un entorno donde la política se ha convertido en un reality show guionizado, él es el aguafiestas que enciende las luces del plató y muestra los cables.

👀 Lo que se susurra en los despachos de poder
Hay una teoría que circula entre los veteranos del periodismo político: Alsina es el único capaz de hacer que un Presidente del Gobierno cambie su agenda del día solo con su monólogo de las ocho. Mientras otros medios amplifican el ruido, él marca el tempo. Si Alsina dice que el rey va desnudo, a las nueve de la mañana media España está mirando la ropa interior del monarca.

¿Lo más curioso? Su negativa a jugar al juego de las etiquetas. Un día despedaza la gestión gubernamental con la precisión de un auditor fiscal, y al siguiente deja en evidencia las contradicciones de la oposición con la misma frialdad. Eso, amigos míos, es lo que realmente molesta. No pueden encasillarlo. Y en el mercado de la influencia, ser impredecible es el activo más valioso.

No estamos ante un simple locutor de radio. Estamos ante el último filtro de seguridad antes de que la propaganda nos inunde por completo. Y mientras sigan enviando argumentarios vacíos por la mañana, Alsina seguirá teniendo material para desmontarlos antes de que se nos enfríe el café.

LM
Lachlan MurdochJournalist

Journalist specialising in Politics. Passionate about analysing current trends.