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El País en 2026: ¿Árbitro progresista o rehén de corporaciones?

Lejos de la nostalgia de la Transición, el buque insignia de Prisa navega entre presiones gubernamentales y batallas accionariales. ¿Quién dicta realmente el relato en España?

LM
Lachlan MurdochJournalist
28 February 2026 at 08:06 am3 min read
El País en 2026: ¿Árbitro progresista o rehén de corporaciones?

La nostalgia vende suscripciones. Esa es, quizás, la lección de negocios más rentable que ha aprendido la cabecera de la calle Miguel Yuste en la última década. Se nos pide, casi como un acto de fe democrática, que sigamos viendo en El País al gran defensor de las libertades que nació en 1976. (Como si el periodismo fuera ajeno a las leyes de la gravedad financiera).

¿Pero de qué sirve presumir de herencia cuando las facturas las pagan otros? La narrativa oficial nos habla de un medio progresista, firme frente a los embates de la extrema derecha y leal a un cierto idealismo social. Sin embargo, si apartamos la cortina de la retórica, el paisaje que queda es mucho más frío. Es un campo de minas donde las deudas, las presiones políticas y las sillas del consejo de administración dictan la verdadera línea editorial.

"La independencia periodística, a menudo, es el primer mito que se sacrifica en el altar de la supervivencia corporativa."

Hablemos de cifras, o mejor dicho, del poder detrás de las cifras. La tensión evidente entre el presidente de Prisa, Joseph Oughourlian, y el Palacio de la Moncloa no es un secreto para nadie. Durante los últimos meses hemos visto cómo el gobierno de Pedro Sánchez ha maniobrado (con una destreza casi quirúrgica) para asegurarse un control mediático más dócil. ¿El motivo? La desconfianza mutua. En las altas esferas gubernamentales saben que El País ya no es aquel boletín oficial que cerraba filas a la primera de cambio, sino una empresa intentando cuadrar sus propios márgenes.

👀 ¿Quién controla realmente los hilos de Prisa hoy?
Aunque Oughourlian da la cara pública, la sombra del Banco Santander (y de sus acciones pignoradas a socios históricos) sigue siendo alargada. La línea editorial no solo debe complacer a la izquierda urbana; también debe evitar enfurecer a los principales acreedores de España.

¿Qué cambia realmente en la sociedad española cuando el supuesto diario de referencia pierde su aura de intocable? La polarización encuentra un nuevo caldo de cultivo. Ya no hay árbitros, solo jugadores con diferentes presupuestos. El lector promedio (cada vez más envejecido, cada vez más de clase media-alta) busca una trinchera intelectual. Paga su suscripción digital no para descubrir una verdad incómoda, sino para que le confirmen que los malos están en la otra bancada.

Lo que poco se dice: El impacto real en la calle

Nos bombardean con análisis sobre si el editorial de hoy criticó o alabó a la coalición de gobierno. (Francamente, a la inmensa mayoría de la población eso le importa muy poco). El verdadero impacto de la actual línea editorial de El País es su contribución a una anestesia selectiva. Al depender de manera crítica de su núcleo duro de suscriptores para sobrevivir financieramente, el medio no puede permitirse el lujo de contradecir frontalmente los dogmas de su propia audiencia.

Han convertido el progresismo en un producto premium. Detrás de los muros de pago, la información sobre desigualdad o precariedad laboral se envasa cuidadosamente para quienes nunca sufrirán ni la una ni la otra. ¿Es esto periodismo de impacto social o simple gestión de crisis corporativa disfrazada de activismo? La respuesta depende, invariablemente, de a quién le debas dinero.

LM
Lachlan MurdochJournalist

Journalist specialising in Politics. Passionate about analysing current trends.