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El último tahúr: Lo que Raúl del Pozo sabía y nunca publicó

Con la muerte de Raúl del Pozo a los 89 años, se apaga la grabadora más temida de los reservados de Madrid. Un viaje a las entrañas del poder y las exclusivas de madrugada.

LM
Lachlan MurdochJournalist
10 March 2026 at 05:05 pm3 min read
El último tahúr: Lo que Raúl del Pozo sabía y nunca publicó

Hay un silencio inusual hoy en los reservados de los restaurantes cercanos a las Cortes. De esos lugares donde las corbatas se aflojan y las traiciones se pactan a media voz. A los 89 años, este 10 de marzo de 2026, Raúl del Pozo ha dejado su silla vacía, llevándose consigo la agenda telefónica más codiciada —y peligrosa— de España.

(Y creedme, hay más de un exministro respirando aliviado esta mañana).

Para entender al curtido periodista de Mariana (Cuenca), no basta con haber leído El ruido de la calle en la contraportada de El Mundo. Había que verlo operar. Mientras los plumillas de mi generación se pelean por rascar un off the record precocinado por un jefe de prensa de 25 años, Del Pozo conseguía titulares jugando al póker y gastando madrugadas con los que verdaderamente cortan el bacalao. ¿Magia? No. Respeto de tahúr.

"El gran esfuerzo de mi vida es no dejar contaminar el idioma que aprendí de los resineros y los pastores."

Heredar el feudo de Francisco Umbral en 2007 parecía una misión suicida. Sin embargo, él no intentó imitar al dandi de las bufandas; impuso su propia ley. Su prosa era un cóctel letal: te clavaba una cita culta, te metía jerga de los bajos fondos de Madrid y remataba diseccionando al presidente de turno con precisión de cirujano. Los políticos le leían con terror reverencial. Si aparecías en una de sus famosas 'negritas', estabas en el mapa. Si te ignoraba, eras un cadáver político.

👀 ¿El secreto mejor guardado de sus crónicas?
No eran los despachos oficiales. Sus verdaderas "gargantas profundas" eran los chóferes, los camareros de los ministerios y los ujieres del Congreso. Ellos le contaban quién salía de madrugada y con quién. Del Pozo sabía que el poder real huele a moqueta gastada y a café de máquina, no a comunicado oficial.

Lo que nadie cuenta en el bar de las Cortes

¿Qué cambia realmente con su partida? Seamos brutales: muere una forma de entender la política y el periodismo. El ecosistema mediático actual está infectado de trincheras prefabricadas y argumentarios repetidos como loros. Raúl, con su olfato de zorro viejo forjado en las corresponsalías de la Guerra Fría, despreciaba esa pereza intelectual.

Su muerte impacta directamente en la casta dirigente. Pierden a su espejo más cruel y literario. Del Pozo era el último puente vivo entre la Transición de los pactos oscuros y la política fragmentada del tuit histérico. Nadie más en esta ciudad tiene la autoridad moral para decirle a un líder nacional a la cara que se está equivocando, e invitarle a un whisky justo después.

Se ha ido el último francotirador de la contraportada. Ahora, solo nos queda el ruido.

LM
Lachlan MurdochJournalist

Journalist specialising in Politics. Passionate about analysing current trends.