Society

Grietas invisibles: el verdadero sismo empieza cuando las cámaras se apagan

La escala de Richter mide la energía liberada, pero carecemos de una métrica para la fragilidad social. Cuando el polvo se asienta, descubrimos que los edificios caen por gravedad, pero las comunidades se derrumban por el abandono.

JW
Jennifer WilsonJournalist
16 February 2026 at 02:05 am3 min read
Grietas invisibles: el verdadero sismo empieza cuando las cámaras se apagan

A las 13:14 horas, la taza de café de Elena no solo vibró; bailó sobre la mesa antes de estallar contra el suelo. En ese momento, en la colonia Roma (o en cualquier epicentro urbano que prefieras visualizar), el miedo fue democrático. El suelo bajo los pies del CEO se movió con la misma violencia que bajo los pies del conserje. Pero esa igualdad duró exactamente lo que tardó la tierra en quedarse quieta: 45 segundos.

Lo que vino después no fue un desastre natural. Fue una autopsia social a cielo abierto.

Solemos pensar en el terremoto como el evento físico, el crujido de las placas tectónicas. Error. El verdadero sismo es lo que ocurre cuando la adrenalina baja y la burocracia sube. Es ahí donde la sociedad muestra sus fracturas preexistentes, esas que el cemento y la rutina diaria se encargan de maquillar (bastante mal, por cierto).

"Un terremoto no crea la desigualdad, simplemente le quita la ropa. Desnuda la precariedad estructural que aceptamos como normalidad hasta que un edificio se nos viene encima."

La arquitectura del olvido

Hablemos de lo que nadie pone en los titulares seis meses después. Mientras los barrios acomodados reciben inspecciones estructurales inmediatas y créditos blandos para la reconstrucción, las periferias entran en un limbo administrativo kafkiano. ¿Tienes los papeles de la propiedad en regla? ¿No? Entonces, para el Estado, tu tragedia no tiene código postal.

Aquí es donde el "pedagogo" que llevo dentro se pone serio: la solidaridad civil —esos vecinos sacando escombros con las manos— es hermosa, sí, pero también es un síntoma de un Estado fallido. Romanticismo la resiliencia (esa palabra que ya nos tiene agotados) porque nos da miedo admitir que estamos solos.

¿Y qué pasa con el tejido urbano? Observamos un fenómeno casi depredador.

👀 ¿Por qué suben los alquileres tras la destrucción?
Parece contraintuitivo, ¿verdad? Menos oferta debería colapsar el mercado. Pero ocurre el gentrificación del desastre. Los desarrolladores inmobiliarios ven en los solares vacíos (donde antes vivían familias de clase media-baja) una oportunidad de oro para levantar complejos de lujo con "tecnología antisísmica" de última generación. El sismo expulsa a los pobres; el mercado se asegura de que no puedan volver.

El código postal como chaleco salvavidas

No nos engañemos. La preparación ante desastres se ha convertido en un bien de consumo. Quien puede pagar un seguro premium y vive en una zona con estricta normativa de construcción, experimenta un susto. Quien vive en la autoconstrucción, empujado a los márgenes por una economía que no perdona, experimenta el fin de su mundo.

Las grietas más peligrosas no están en las vigas de carga; están en nuestra capacidad de empatía a largo plazo. Nos conmueve la imagen del perro rescatista, pero nos aburre la noticia sobre las 400 familias que siguen viviendo en tiendas de campaña dos años después. Esa fatiga de la compasión es el verdadero colapso estructural.

La próxima vez que sientas temblar la tierra, no mires solo al techo. Mira a tu alrededor. Pregúntate quién tendrá una red de seguridad cuando todo se detenga y quién caerá al vacío. Porque la geología es inevitable, pero la catástrofe social es una decisión política diaria.

JW
Jennifer WilsonJournalist

Journalist specialising in Society. Passionate about analysing current trends.