Primitiva del jueves: El termómetro febril de una economía rota
Mientras el IPC ahoga y los alquileres expulsan, las colas en las administraciones de lotería crecen. ¿Sorteo inofensivo o el impuesto más cínico a la esperanza?

Ayer fue jueves. Si pasaste por delante de cualquier administración de Loterías y Apuestas del Estado a las siete de la tarde, habrás visto la misma escena de siempre: la cola de los fieles. No son inversores de Wall Street, ni herederos gestionando su patrimonio. Son jubilados con pensiones que no estiran, trabajadores precarios y jóvenes que han dejado de creer en la meritocracia para encomendarse al azar.
Nos venden el sorteo de la Primitiva como un juego inocuo, una tradición semanal de «ilusión». (Qué palabra tan útil para el marketing, ¿verdad?). Pero si dejamos de lado el romanticismo del anuncio televisivo y miramos los datos fríos, lo que vemos no es un juego. Es un indicador de fallo sistémico.
«La lotería es el impuesto voluntario que pagan quienes peor llevan las matemáticas o quienes han perdido la fe en la economía real».
¿Por qué cuando la economía se contrae, el gasto en loterías se mantiene o incluso sube? Los economistas lo llaman «bienes inferiores». Cuando no puedes comprar una casa, ni un coche nuevo, ni siquiera planear vacaciones, esos dos euros del boleto se convierten en la única inversión asequible con un retorno teórico infinito. Es barato comprar el derecho a soñar durante 24 horas.
La Hacienda siempre gana
Hablemos claro: el único ganador garantizado cada jueves no es el afortunado que acierta los seis números. Es el Ministerio de Hacienda. El Estado recauda dos veces: primero con la venta del boleto y después con el mordisco al premio. Es una maquinaria perfecta de redistribución inversa, donde las clases bajas financian las arcas públicas con la esperanza de dejar de ser clase baja.
Lo fascinante —y aterrador— es la desconexión cognitiva. Sabemos que es imposible. Pero lo hacemos.
| Evento | Probabilidad Aproximada |
|---|---|
| Ganar el Gordo de la Primitiva | 1 entre 13.983.816 |
| Nacer con un dedo extra (polidactilia) | 1 entre 500 |
| Ser alcanzado por un rayo | 1 entre 3.000.000 |
| Seguir siendo pobre tras jugar | 99,99999% |
¿Qué nos dice esto sobre nuestra salud social? Que hemos normalizado la precariedad hasta tal punto que la suerte se ha convertido en la única estrategia financiera viable para millones. No pedimos mejores salarios; pedimos que salga el reintegro. El sorteo del jueves no mide la fortuna de un país, mide su desesperación.
La próxima vez que veas esa cola, no pienses en la suerte. Piensa en qué está fallando para que la única salida visible sea una bola girando en un bombo.


