Economy

La gran estafa del aire: Cuando lo verde es en realidad color dólar

Nos vendieron la brisa como la salvación gratuita del planeta. Sin embargo, detrás de esas aspas blancas giran miles de millones en subvenciones, minería sucia y una dependencia geopolítica que nadie se atreve a mencionar en voz alta.

RC
Robert ChaseJournalist
February 11, 2026 at 02:01 PM3 min read
La gran estafa del aire: Cuando lo verde es en realidad color dólar

Mire por la ventana (o a la colina más cercana). Esas gigantescas estructuras blancas que giran perezosamente no son molinos de viento quijotescos. Son máquinas tragaperras. Y el premio gordo no se lo lleva usted con una factura de luz más barata, se lo llevan los fondos de inversión que han entendido que el viento, irónicamente, pesa mucho en las carteras.

La narrativa oficial es impecable: energía infinita, limpia y, sobre todo, «nuestra». Pero, ¿alguien se ha parado a revisar la letra pequeña de este contrato social?

«No estamos plantando árboles, estamos plantando acero, hormigón y fibra de vidrio que nadie sabe cómo reciclar dentro de veinte años.»

El mito de la gratuidad

Nos repiten hasta la saciedad que el viento es gratis. Claro que lo es. El sol también. Lo que no es gratis es capturarlo, transformarlo y transportarlo justo cuando lo necesitas (que casi nunca coincide con cuando sopla). La intermitencia no es un detalle técnico menor; es el talón de Aquiles financiero que se parchea con subvenciones masivas.

Si el viento fuera tan rentable por sí mismo, ¿por qué el sector entra en pánico cada vez que un gobierno amenaza con recortar los incentivos fiscales? La realidad es que estamos pagando dos infraestructuras: la renovable y la de respaldo (gas, nuclear) para cuando Eolo decide tomarse el día libre.

La Promesa VerdeLa Realidad Industrial
Energía autóctona y soberanaDependencia crítica de imanes y tierras raras de China
Coste marginal ceroCostes de integración de red disparados
Ecología puraCementerios de palas no biodegradables

¿Soberanía o nueva servidumbre?

Aquí viene la parte que hace sudar a los estrategas en Bruselas y Washington. Nos llenamos la boca hablando de independencia energética frente a los petroestados. Fantástico. Pero hemos cambiado el grifo del petróleo árabe por el de las tierras raras chinas.

Una turbina moderna es una bestia voraz de neodimio y disprosio. ¿Adivinan quién controla el refinado de esos materiales? Exacto. Mientras celebramos cada nuevo parque eólico en el Mar del Norte o en las llanuras de Texas, Pekín sonríe. Hemos externalizado la contaminación de la minería para poder sentirnos virtuosos encendiendo la luz en Europa.

Y no olvidemos la tierra. La «España vaciada» (o la Francia rural, o el Medio Oeste americano) se está convirtiendo en un polígono industrial a cielo abierto. Los habitantes locales ven cómo su paisaje se industrializa a cambio de unas rentas que, a menudo, dividen pueblos enteros. ¿Es progreso o es colonialismo energético interno?

El viento mueve las aspas, sí. Pero es el dinero público y la especulación lo que realmente mantiene a esta industria girando.

RC
Robert ChaseJournalist

Journalist specializing in Economy. Passionate about analyzing current trends.