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La ONCE: ¿ONG intocable o el casino más grande de España?

Detrás de la entrañable imagen del vendedor del cupón se esconde un gigante que factura casi 3.000 millones. Analizamos la letra pequeña de la 'ilusión' y su giro hacia el juego instantáneo.

RC
Robert ChaseJournalist
February 8, 2026 at 08:01 AM4 min read
La ONCE: ¿ONG intocable o el casino más grande de España?

Todos tenemos grabado ese sonido. El «¿te pongo dos?» en la esquina del barrio, la voz familiar del vendedor que forma parte del paisaje urbano español tanto como las tapas o la siesta. La ONCE ha logrado lo que ninguna corporación soñaría: convertir el juego de azar en un acto de caridad patriótica. Pero si apartamos por un momento la narrativa de la «ilusión» y miramos los libros de cuentas con la frialdad de un auditor, la imagen se vuelve... compleja.

En 2024, el Grupo Social ONCE alcanzó un récord histórico de ingresos por venta de lotería: 2.829 millones de euros. Una cifra mareante que supera el PIB de algunos países pequeños. La pregunta que pocos se atreven a formular en voz alta es: ¿Cuánto de esto es realmente solidaridad y cuánto es pura maquinaria de juego agresivo?

⚡ Lo esencial

La ONCE ya no vive solo del cupón tradicional. Ha pivotado agresivamente hacia los «Rascas» (lotería instantánea), un formato criticado por expertos en adicciones por su capacidad de generar ludopatía rápida, especialmente entre jóvenes y clases bajas. Solo el 9,4% de los ingresos totales va directamente a inversión social pura.

Del sorteo lento al chute de dopamina

Durante décadas, el modelo era benigno: comprabas un cupón y esperabas al sorteo de la noche. Había un retardo entre el pago y la recompensa. Eso amortiguaba la conducta compulsiva. Hoy, los quioscos de la ONCE están empapelados de colores flúor: los Rascas.

Aquí no hay espera. Hay gratificación instantánea (o frustración inmediata y el impulso de «probar uno más»). Es la mecánica de las máquinas tragaperras llevada al papel. (¿Se han fijado que ahora los venden incluso en supermercados y gasolineras, lejos del vendedor con discapacidad?).

«La ludopatía no entiende de etiquetas entre Juego público y privado. Mientras el Gobierno restringe la publicidad de las casas de apuestas, la ONCE goza de una bula mediática casi total bajo el paraguas de la labor social».

La autopsia del euro: ¿A dónde va tu dinero?

La retórica oficial dice que «lo jugamos todos». Los números dicen otra cosa. Si desglosamos los casi 3.000 millones de euros que ingresan, la estructura de costes revela que la ONCE es, ante todo, una gigantesca empresa de gestión y una operadora de loterías muy eficiente.

Destino del IngresoPorcentaje Aprox.Lo que significa
Premios~56,2%Dinero que vuelve a los jugadores (y a Hacienda).
Gastos de Gestión y Salarios~32,2%Mantener la estructura, comisiones a vendedores y publicidad.
Inversión Social Directa~9,4%La ayuda real a servicios para ciegos y discapacidad.
Reservas / Otros~2,2%Fondo de maniobra e investigación.

Observen el dato: menos del 10% llega como inversión social neta directa. Ojo, no es que el 32% de gastos de gestión sea «dinero tirado»; ahí se incluyen los salarios de 20.000 vendedores con discapacidad, lo cual es empleo social. Pero, ¿justifica ese empleo la expansión desmedida de juegos de azar instantáneos?

Los centinelas bajo presión

Hablemos de lo que ocurre dentro de las casetas. Los vendedores no son voluntarios; son trabajadores con objetivos comerciales feroces. Se habla poco de la presión por alcanzar los mínimos de venta diarios (a menudo superiores a 200 euros) para cobrar comisiones dignas. Si no vendes, tu sueldo base apenas supera el umbral de supervivencia.

Esto convierte al vendedor no en un agente social, sino en un comercial agresivo obligado a colocar productos adictivos. ¿Es ético que una entidad de protección social financie su actividad fomentando una patología (la ludopatía) que afecta desproporcionadamente a las rentas más bajas?

El impuesto de los pobres

Al final, la lotería es un impuesto voluntario. Y las estadísticas son obstinadas: juegan más quienes menos tienen. Al comprar un Rasca de 5 euros con la esperanza de salir de la precariedad, el ciudadano está financiando un sistema de bienestar privado que el Estado debería cubrir con impuestos progresivos, no con la esperanza estadística de los vulnerables.

La ONCE realiza una labor titánica de integración, nadie lo niega. Pero, ¿hasta cuándo podremos ignorar que su combustible es el mismo que el de los casinos de Las Vegas?

RC
Robert ChaseJournalist

Journalist specializing in Economy. Passionate about analyzing current trends.