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Milán 2026: La Guerra Fría del hockey (y los millones que esconde)

El regreso de la NHL a los Juegos Olímpicos se vende como un triunfo del deporte. No se dejen engañar: es un tratado de paz armado donde los rehenes son los derechos televisivos y la geopolítica.

DM
David MillerJournalist
February 11, 2026 at 02:05 AM3 min read
Milán 2026: La Guerra Fría del hockey (y los millones que esconde)

Dejemos de aplaudir un momento y miremos los números. El anuncio del regreso de la NHL a los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina 2026 ha sido recibido con el entusiasmo ingenuo de quien cree que Gary Bettman (el comisionado de la liga) se mueve por romanticismo deportivo. Nada más lejos de la realidad.

Lo que veremos en Italia no es simplemente un torneo; es una renegociación de poder a escala global.

“La NHL no vuelve a los Juegos porque extrañen el espíritu olímpico. Vuelven porque el mercado europeo es el único lugar donde pueden crecer dos dígitos sin canibalizar su propio producto.”

Tras saltarse PyeongChang 2018 y Beijing 2022 (donde la excusa oficial fue el calendario y el COVID, pero la real fue que el COI cerró el grifo del dinero para seguros y viajes), la liga norteamericana ha conseguido lo que quería. Han doblado el brazo al Comité Olímpico Internacional. ¿El precio? Nadie lo dice en voz alta, pero la exposición mediática global que ofrece Milán es la moneda de cambio para las próximas negociaciones de derechos televisivos.

El elefante en el vestuario: Rusia

Aquí es donde la cosa se pone fea (y fascinante). El COI y la IIHF (Federación Internacional) tienen una patata caliente entre manos que quema más que el hielo seco. ¿Cómo se vende un torneo "best-on-best" —el mejor contra el mejor— si una de las superpotencias históricas está vetada?

La ausencia de Rusia no es solo un castigo político; es un agujero económico. Sin la narrativa de la rivalidad Este-Oeste, o sin estrellas como Ovechkin o Kucherov (suponiendo que su edad o estatus lo permitieran), el producto se diluye. ¿Veremos un equipo de "Atletas Neutrales"? Es probable, pero la hipocresía será palpable. La NHL quiere a sus estrellas rusas en el hielo porque venden camisetas; la geopolítica europea prefiere que no pisen suelo italiano.

VariableCon Rusia (Teórico)Sin Rusia (Actual)
NarrativaGuerra Fría 2.0 (Rating Oro)Torneo Norteamérica vs. Europa
Riesgo PolíticoExtremo (Protestas, Boicots)Bajo (Pero producto diluido)
Valor ComercialMáximo histórico-15% estimado en mercados clave

La factura italiana y el PalaItalia

Más allá de los jugadores, miremos el cemento. Milán está construyendo el PalaItalia en el barrio de Santa Giulia. Una arena para 16.000 espectadores que, sobre el papel, costará 180 millones de euros. ¿Creen que esa cifra se mantendrá? En la economía olímpica, los presupuestos son sugerencias, no límites.

La presión sobre los organizadores italianos es asfixiante. Si el estadio no está listo (y los rumores de retrasos son constantes), la alternativa es mover el hockey a Turín. Eso sería un desastre de relaciones públicas para Milán, que ha vendido estos juegos como el renacimiento de su infraestructura urbana.

¿Quién gana realmente aquí? No necesariamente el aficionado que paga 400 euros por una entrada en la fase de grupos. Ganan las constructoras con contratos blindados, gana la NHL expandiendo su marca en el horario estelar europeo y gana el COI, que desesperadamente necesita recuperar la relevancia juvenil que el hockey de élite aporta.

Así que, cuando caiga el primer puck en 2026, disfruten del juego. Pero no olviden que cada chequeo contra la valla tiene detrás una cláusula contractual y una decisión geopolítica que se tomó en una oficina cerrada, muy lejos del frío.

DM
David MillerJournalist

Journalist specializing in Sport. Passionate about analyzing current trends.