Economy

Milano-Cortina 2026: La autopsia de una promesa 'low cost' que se derrite

Nos vendieron la austeridad y la reutilización. Cuatro años después, la pista de bobsleigh de Cortina es el monumento perfecto al despilfarro que nadie pidió pero todos pagaremos.

RC
Robert ChaseJournalist
February 4, 2026 at 02:05 AM3 min read
Milano-Cortina 2026: La autopsia de una promesa 'low cost' que se derrite

¿Recuerdan la venta inicial? Era 2019 y la candidatura italiana nos juraba, con la mano en el corazón y una presentación de PowerPoint impecable, que estos serían los Juegos de la sostenibilidad. El mantra era seductor: coste cero para el contribuyente, 93% de las sedes ya existentes. Sonaba demasiado bien para ser verdad. Y, sorpresa, lo era.

Hoy, a menos de dos años de la ceremonia de apertura, esa narrativa de austeridad se ha disuelto más rápido que un cubito de hielo en un espresso romano. La realidad es un monstruo burocrático de dos cabezas (Milán y Cortina) separadas por 400 kilómetros y un agujero negro financiero.

El mito del presupuesto congelado

Hablemos claro: el presupuesto inicial de 1.500 millones de euros es ya una reliquia histórica. Las estimaciones actuales rozan los 2.100 millones, y eso si somos optimistas (o ingenuos). La inflación ha hecho su trabajo, claro, pero culpar solo a la coyuntura global es el truco más viejo del manual político.

VariableLa Promesa (2019)La Realidad (2026)
Coste para el Estado"Casi nulo"Miles de millones en obras conexas
Pista de BobsleighReutilizar existente / Innsbruck82+ Millones (Nueva construcción)
SostenibilidadJuegos VerdesDeforestación de alerces en Cortina

El caso más flagrante, el que debería hacernos arquear una ceja hasta el nacimiento del pelo, es la infame pista de bobsleigh de Cortina d'Ampezzo. El Comité Olímpico Internacional (COI), en un raro momento de lucidez, sugirió usar la pista de Innsbruck, en la vecina Austria. ¿La lógica? Ya existe, funciona y no cuesta una fortuna.

Pero el orgullo nacionalista (y los contratos de construcción locales) pesaron más. El gobierno de Giorgia Meloni y las autoridades regionales se empeñaron en construir una pista nueva. ¿El resultado? Un contrato de última hora de 81,6 millones de euros para una instalación que, seamos honestos, quedará abandonada antes de que se derrita la última nieve de marzo de 2026. ¿Quién usa una pista de bobsleigh en su tiempo libre? Nadie.

El sobrecoste olímpico no es un error de cálculo, es una característica del sistema. Milano-Cortina no es una excepción, es la confirmación de la regla.

La pesadilla logística que nadie menciona

Más allá de los euros, está la geografía. Estos son los primeros Juegos Olímpicos "difusos". Suena moderno, ¿verdad? En la práctica, significa una pesadilla logística que abarca 22.000 kilómetros cuadrados. Atletas, prensa y delegaciones moviéndose por carreteras de montaña que requieren, oh casualidad, inversiones masivas en infraestructura vial.

¿Esas carreteras eran necesarias para los locales? Quizás. ¿Se habrían priorizado sin la excusa olímpica? Lo dudo mucho. Al final, los Juegos actúan como un acelerador de gasto público que se disfraza de inversión deportiva. Italia se queda con la deuda y unas cuantas carreteras asfaltadas a precio de oro; el COI se lleva los derechos televisivos y la gloria.

Lo que cambia realmente este tema no es quién gana el oro en esquí alpino. Lo que cambia es la percepción de la ciudadanía italiana sobre la viabilidad de estos macroeventos. Mientras el norte de Italia lidia con problemas estructurales y un coste de vida disparado, ver camiones de hormigón vertiendo millones en una pista de trineos es, cuanto menos, un insulto a la inteligencia fiscal.

RC
Robert ChaseJournalist

Journalist specializing in Economy. Passionate about analyzing current trends.