Tánger, el último vals: Cuando Senegal y Egipto juegan por algo más que una copa
Más allá de Salah y Mané, la semifinal de esta noche en Marruecos es un choque tectónico entre el norte y el oeste de África. Crónica de una rivalidad que define una era.

Hay una foto vieja, de hace apenas cuatro años, que hoy parece de otro siglo. Mohamed Salah y Sadio Mané compartiendo una botella de agua en Yaundé, uno consolando al otro. Hoy, en los pasillos del Grand Stade de Tánger, el aire es distinto. No huele a camaradería de club inglés; huele a azufre. (Y quizás, a un final de ciclo).
Para entender lo que ocurrirá esta noche a las 20:00, hay que olvidar por un momento el 4-3-3 o la presión alta. Imaginad a dos boxeadores pesos pesados en el asalto doce. Ya no sienten los golpes, solo el miedo a caer. Así llegan los Leones de la Teranga y los Faraones a esta semifinal de la CAN 2025.
⚡ Lo esencial
Senegal y Egipto reeditan la final de 2021 en una semifinal de alto voltaje en Tánger. Mientras Egipto busca redención bajo el mando de mano dura de Hossam Hassan, Senegal intenta validar su hegemonía continental. El duelo trasciende el césped: es una lucha de influencia geopolítica entre el Magreb y el África Subsahariana en suelo marroquí.
El tablero de ajedrez (y por qué las piezas están cansadas)
Hablemos claro: nadie espera un festival de goles. El Egipto de Hossam Hassan no juega al fútbol; administra el sufrimiento. Han llegado aquí arrastrándose, sobreviviendo a Costa de Marfil con un pragmatismo que roza lo cínico. ¿Es bonito? No. ¿Es eficaz? Preguntadle a los siete trofeos en sus vitrinas.
Senegal, bajo la tutela interina pero efectiva de Pape Thiaw, es la antítesis. Buscan el vértigo, pero las piernas de Mané ya no tienen esa explosividad de 2019. El equipo ha tenido que mutar. Ya no ganan por aplastamiento, sino por oficio. ¿Notaron cómo Nicolas Jackson ha tenido que bajar a recibir más de la cuenta? Es el síntoma de un mediocampo que ya no domina, solo resiste.
👀 ¿Quién tiene la ventaja psicológica real?
Egipto. Aunque Senegal ganó la final de 2021 y el pase al Mundial 2022, la presión hoy está del lado senegalés. Deben demostrar que su era dorada no ha terminado. Egipto, con su economía nacional en crisis y una población necesitada de alegrías, juega con el "hambre del desesperado". Y en el fútbol africano, el hambre suele ganar al talento.
Geopolítica en pantalones cortos
No seamos ingenuos. Este partido se juega en Tánger, la puerta de Europa, en un Marruecos que observa desde el palco (y espera rival). Para Egipto, reafirmar su estatus de gigante del norte frente al poderío emergente del oeste (Senegal) es vital para su soft power en la CAF. El Cairo ha perdido peso diplomático deportivo en los últimos años; una victoria hoy sería un golpe sobre la mesa.
Senegal, por su parte, representa la estabilidad y el crecimiento del África Occidental. Una victoria hoy consolidaría la idea de que el centro de gravedad del fútbol africano se ha desplazado definitivamente al sur del Sahara.
"Esto no es solo un partido. Es la batalla por ver quién escribe el último capítulo de la generación dorada de África."
Lo que nadie dice: El factor Omar Marmoush
Mientras las cámaras buscan a Salah y Mané, el verdadero peligro camina en silencio. Omar Marmoush. El egipcio ha sido el factor diferencial, el caos dentro del orden militar de Hassan. Si Senegal se obsesiona con Salah (como suelen hacer), Marmoush encontrará la espalda de Koulibaly. Y ahí, amigos míos, es donde se decidirá el billete a la final.
¿Estamos ante el ocaso de los dioses o ante su última gran función? Tánger dictará sentencia.


