La borrasca Ingrid no trajo solo rachas de 150 km/h; trajo la confirmación de que nuestra 'excepcionalidad' es la nueva rutina. Y no estamos listos.
Cada invierno se repite la liturgia: alertas de la AEMET, despliegue ministerial y, horas después, el colapso. ¿Es inevitable o hemos diseñado nuestras ciudades para un clima que ya no existe?