Sociedad

Nevadas y caos: por qué 659 quitanieves no salvarán tu lunes

Cada invierno se repite la liturgia: alertas de la AEMET, despliegue ministerial y, horas después, el colapso. ¿Es inevitable o hemos diseñado nuestras ciudades para un clima que ya no existe?

MG
María GarcíaPeriodista
15 de enero de 2026, 14:324 min de lectura
Nevadas y caos: por qué 659 quitanieves no salvarán tu lunes

Es el ritual más predecible de la temporada, casi tan puntual como las rebajas. La AEMET emite una alerta (amarilla, naranja, el color da igual), los telediarios abren con mapas teñidos de blanco y, desde los despachos oficiales, se lanza la cifra mágica. Este año son 659 máquinas quitanieves y más de 126.000 toneladas de fundentes. Suena a ejército invencible, ¿verdad?

Sin embargo, basta que la borrasca —llámese Filomena, Francis o como decidan bautizarla— roce el asfalto para que la narrativa oficial se desmorone. (Y con ella, la paciencia de miles de conductores atrapados en la A-1 o la M-40). La pregunta incómoda que nadie en el Ministerio quiere responder es simple: si estamos tan preparados sobre el papel, ¿por qué la realidad sigue pareciendo un escenario post-apocalíptico?

⚡ Lo esencial

Más allá de las cifras récord de inversión, el problema es estructural. España ha diseñado su infraestructura urbana priorizando la disipación del calor y la gestión de sequías, ignorando que el cambio climático también implica eventos de frío extremo más violentos y localizados. La "vialidad invernal" es un parche sobre un diseño urbano que no tolera la incertidumbre.

La falacia del "despliegue histórico"

Nos venden la gestión de nevadas al peso. Toneladas de sal y litros de salmuera. Pero comparar las cifras del Ministerio con la realidad operativa revela una brecha que ningún quitanieves puede despejar. El problema no es la cantidad de máquinas, sino su logística de dispersión.

VariableVersión Oficial (Plan de Vialidad)Realidad en el Asfalto
Tiempo de respuesta"Inmediato tras la alerta"Variable (hasta 4h en vías secundarias)
CoordinaciónCentralizada y fluidaFragmentada (Estado vs CC.AA. vs Municipios)
PrioridadRed de Carreteras del EstadoEl ciudadano medio vive y trabaja en vías urbanas (olvidadas)

¿De qué sirve tener un arsenal de sal si los camiones no pueden acceder a los nudos críticos porque ya están bloqueados por turismos con neumáticos de verano? Aquí radica la gran hipocresía: delegamos la seguridad en la infraestructura estatal, cuando el colapso casi siempre empieza en una rampa de garaje municipal o en una avenida periférica mal gestionada.

El hormigón no sabe de clima

Hablemos de lo que no sale en las notas de prensa. Nuestras ciudades son trampas térmicas. Hemos asfaltado España pensando en evacuar el calor de julio, utilizando materiales que, paradójicamente, se convierten en pistas de patinaje con la mínima helada.

No es solo mala suerte; es un error de diseño sistémico. Hemos construido ciudades para un clima mediterráneo idealizado que ha dejado de existir.

El cambio climático no significa simplemente "más calor". Significa volatilidad. Significa que el vórtice polar se rompe con más facilidad, enviando lenguas de aire ártico a latitudes que no tienen la cultura (ni los neumáticos, ni la paciencia) de Estocolmo o Berlín.

👀 ¿Por qué mi calle sigue helada si pago impuestos?

La respuesta corta: competencias. Las impresionantes cifras de quitanieves que ves en la tele (las 659 unidades) son casi exclusivamente para la Red de Carreteras del Estado (autopistas y autovías principales). Tu calle depende de tu ayuntamiento, cuyos recursos suelen ser subcontratas de limpieza que, ante una nevada fuerte, simplemente no dan abasto. Existe un abismo de recursos entre la A-6 y la calle Mayor de tu barrio.

La vulnerabilidad invisible

Lo más alarmante no es llegar tarde al trabajo. Es lo que el fenómeno de las "Aemet nevadas" destapa sobre nuestra fragilidad logística. Una ciudad bloqueada dos días pierde millones en supply chain. Los supermercados no reponen frescos, los servicios de emergencia (ambulancias, bomberos) triplican sus tiempos de respuesta y la "Smart City" se vuelve estúpidamente analógica.

¿Seguiremos conformándonos con mirar al cielo y cruzar los dedos? Mientras la estrategia sea reaccionar con sal a eventos cada vez más complejos, seguiremos siendo gigantes con pies de barro... o mejor dicho, con pies de nieve fango.

MG
María GarcíaPeriodista

Periodista especializado en Sociedad. Apasionado por el análisis de las tendencias actuales.