Daban a RTVE por muerta en la UCI de la irrelevancia juvenil. Nadie vio venir que el desfibrilador llegaría envuelto en lentejuelas, polémicas virales y una ciudad costera.
Miro las hojas de cálculo de las cadenas y los números no mienten: Estambul ha hackeado nuestro prime time. Mientras el público cree ver solo un romance, la industria local se asoma al abismo.
Mientras medio país busca obsesivamente el 'avance semanal' en Google, analizamos si el éxito del culebrón de época es el renacer de RTVE o simplemente un costoso parche narrativo para maquillar las audiencias de una televisión en crisis.
¿Puede un show de marionetas costar 24 millones al año y seguir dictando la agenda cultural? Analizamos la maquinaria de Pablo Motos en 2026: una anomalía estadística que desafía la lógica de la fragmentación a golpe de talonario.
Nos venden un ente libre de ataduras, pero bajo la alfombra roja de Prado del Rey se esconde una trinchera donde el mando a distancia lo tiene el Congreso, no el espectador.
Olvídate de las cifras de share que ves en Twitter. La verdadera batalla de la 'Reina Emérita' no es por la audiencia, es por el control total de la parrilla antes del adiós definitivo.