Olvida la Superliga y los algoritmos. La verdadera esencia del fútbol español sobrevive en campos de césped artificial donde, por 90 minutos, un electricista puede mirar a los ojos (y eliminar) a una estrella millonaria.
Olvida el trofeo. Para los clubes modestos, el verdadero partido se juega en el salón de sorteos. Crónica de una lotería donde no se busca la gloria, sino la solvencia.
Olvidemos el marcador por un momento. El verdadero duelo se juega en las terminales de aeropuerto y las carreteras secundarias de la España Vaciada.
El 2-0 en Copa del Rey maquilla una realidad incómoda. Mientras el club celebra la supervivencia ante un Segunda, la gestión deportiva sigue jugando a la ruleta rusa con la salud de Lamine Yamal.