Cada otoño el guion se repite: lluvias torrenciales, caos y políticos culpando al cielo. Pero la verdadera tragedia no cae de las nubes, se asfalta desde los despachos.
Su salida del Consell no es solo un cese; es un síntoma. Mientras Valencia intenta limpiar el lodo, la política busca limpiar su imagen sacrificando peones para salvar al rey.