Valía más que el PIB de Dinamarca. Hoy, tras desplomarse un 50% desde sus máximos, la joya farmacéutica enfrenta una realidad incómoda: su monopolio se ha roto.
Wall Street celebra, pero los gráficos gritan otra cosa. Detrás de la calma impostada de la Reserva Federal, se esconde una apuesta de alto riesgo que nadie quiere admitir en voz alta.