La noche en el Metropolitano no fue solo fútbol; fue la brutal demostración de lo que separa a un imperio consolidado de un proyecto que todavía busca sus cimientos bajo la lluvia.
Mientras el Benito Villamarín ruge, los despachos sudan. Detrás del 'Manque pierda' se esconde una operación de ingeniería financiera con Goldman Sachs y una deuda que desafía la gravedad.