Alquileres: El póquer de Sánchez y la burbuja de papel
Mientras Moncloa anuncia lluvias de millones y topes de precios, el mercado responde con una sequía de oferta. ¿Es la Ley de Vivienda un salvavidas o un ancla electoral?

Hay algo fascinante en la coreografía de los anuncios inmobiliarios del gobierno: la música es épica, pero el escenario parece de cartón piedra. Pedro Sánchez ha decidido convertir la vivienda en el gran campo de batalla de la legislatura (otra vez), blandiendo la Ley de Vivienda y el Bono Alquiler Joven como si fueran excalibur. Pero, si apartamos la cortina de humo de las ruedas de prensa, los números cuentan una historia de terror bastante más prosaica.
La premisa oficial es seductora: intervenir el mercado para proteger al inquilino. Suena bien, ¿verdad? El problema es que el mercado inmobiliario es una bestia asustadiza que no entiende de buenas intenciones, sino de rentabilidad y seguridad jurídica.
“Legislar contra la oferta y esperar que bajen los precios es como prohibir la lluvia para acabar con las inundaciones: audaz sobre el papel, inútil en la práctica.“
La estrategia de Sánchez choca frontalmente con una realidad incómoda: el control de precios en las zonas tensionadas ha provocado una fuga masiva de propietarios. No es ideología, es cálculo básico. Si el propietario percibe riesgo o falta de retorno, retira la vivienda del alquiler residencial y la pasa al alquiler de temporada o, simplemente, la cierra. El resultado es paradójico (y cruel): se protege al inquilino que ya está dentro, pero se levanta un muro infranqueable para el que busca entrar.
El baile de las cifras fantasma
Hablemos de esa cifra mágica de 184.000 viviendas públicas prometidas. Si uno rasca la superficie, encuentra un collage de viviendas de la Sareb (muchas inhabitables), suelos de Defensa que aún son descampados y proyectos financiados con fondos europeos que tardarán años en ver un ladrillo.
| La Promesa (Moncloa) | La Realidad (Mercado) |
|---|---|
| 50.000 viviendas de la Sareb | Solo unas 9.000 estaban listas para habitar (el resto necesita reforma o ya están ocupadas). |
| Topes al alquiler | Reducción de oferta del 30% en ciudades como Barcelona tras la aplicación. |
| Bono Alquiler Joven | Colapso administrativo en las CC.AA. y transferencia directa de la ayuda al precio final del casero. |
Lo que nadie dice en voz alta en los pasillos de los ministerios es que esta intervención tiene un componente de guerra territorial. La Ley de Vivienda es un menú que las Comunidades Autónomas pueden elegir no degustar. Y dado que gran parte del mapa español está teñido del azul del PP, la aplicación real de las zonas tensionadas es un archipiélago inconexo. Madrid dice "no", Cataluña dice "sí". ¿El resultado? Un laboratorio en tiempo real donde los inquilinos se mueven buscando refugio fiscal o de oferta.
¿Qué cambia realmente esto? Para el joven que busca emanciparse, poco. El Bono Alquiler Joven es un parche que a menudo termina engrosando el bolsillo del arrendador (si la demanda es inelástica y das dinero al comprador, el precio sube; primero de economía). Sánchez apuesta su capital político a una carta arriesgada: culpar a las autonomías del PP del fracaso de su ley. Pero el votante que no encuentra piso no mira el BOE, mira su cuenta bancaria.
La intervención actual corre el riesgo de crear un mercado dual: uno regulado, escaso y con listas de espera soviéticas, y otro negro o de "temporada", caro y desregulado. Al final, la política de vivienda requiere hormigón, grúas y tiempo, tres cosas que no caben en un tuit ni en una campaña electoral.
L'argent ne dort jamais, et moi non plus. Je dissèque les marchés financiers au scalpel. Rentabilité garantie de l'info. L'inflation n'a aucun secret pour moi.