Économie

El impuesto a la ilusión: la cara oculta de la lotería del jueves

Bajo la coartada de la tradición, el Estado recauda silenciosamente millones cada semana. Las matemáticas no mienten, pero el relato oficial sí.

SG
Stéphane GuérinJournaliste
27 février 2026 à 05:053 min de lecture
El impuesto a la ilusión: la cara oculta de la lotería del jueves

Jueves por la noche. Las persianas metálicas de las administraciones caen. El sonido de los bombos, sin embargo, ya resuena en la mente de millones de apostantes. Nos venden la Lotería Nacional de los jueves como una tradición inofensiva (un billete dorado de apenas tres euros hacia la tranquilidad). Pero, ¿quién gana realmente cuando es el propio Estado quien comercializa y reparte la suerte?

"La lotería es un impuesto voluntario para quienes no saben matemáticas, diseñado y cobrado por quienes sí las saben."

Los registros de la Sociedad Estatal Loterías y Apuestas del Estado (SELAE) no hablan de magia; relatan una precisión fiscal quirúrgica. En los recientes balances que cerraron 2024 y abrieron las proyecciones de 2025, la entidad fulminó sus propios topes históricos superando los 10.390 millones de euros de facturación global. Mientras el ciudadano raso hace auténticos malabares con la cesta de la compra, las ventas del modesto sorteo de los jueves experimentaban un repunte interanual del 7%.

¿No resulta escandalosamente paradójico que el gasto en azar toque techo precisamente cuando la pérdida de poder adquisitivo asfixia a las familias?

Indicador (Últimos balances SELAE) La cifra oficial Lo que realmente significa
Recaudación total de loterías +10.396 millones de € Récord histórico de gasto ciudadano en plena tensión económica.
Beneficio neto para el Estado 2.437 millones de € Liquidez inyectada directamente a las arcas públicas (sin esfuerzo productivo).
Premios caducados (acumulado 3 años) 175 millones de € Beneficio "caído del cielo" gracias a billetes extraviados o no reclamados.

El impacto invisible: a quién anestesia este ritual

Hablemos de lo que se omite deliberadamente en las grandes campañas publicitarias de invierno. Este sedante colectivo funciona a la perfección. Por tres euros, el comprador no adquiere una probabilidad real de riqueza (las matemáticas la reducen a la absoluta irrelevancia), sino el derecho a soñar despierto durante cuarenta y ocho horas. Se compra, pura y simplemente, un alivio psicológico a corto plazo.

El verdadero problema radica en el propio diseño de este ecosistema. Estamos ante un impuesto regresivo de manual. Quienes más invierten su menguante capital en esta esperanza impresa son las rentas más bajas (aquellos a quienes el ascensor social ha dejado tirados en la planta baja). ¿Qué cambia realmente este fenómeno en nuestra estructura económica? Neutraliza la urgencia del reclamo ciudadano. En lugar de exigir reformas estructurales, vivienda asequible o salarios dignos, el sistema ofrece una válvula de escape semanal.

El Estado se queda un 30% de la recaudación (antes siquiera de que gire la primera bola), canalizando la desesperación financiera hacia el propio erario público de forma impecable. La próxima vez que pidas ese décimo en la barra del bar con las monedas sueltas del café, no mires la combinación de números. Observa de cerca la maquinaria invisible que se alimenta, semana tras semana, de la incertidumbre ajena.

SG
Stéphane GuérinJournaliste

L'argent ne dort jamais, et moi non plus. Je dissèque les marchés financiers au scalpel. Rentabilité garantie de l'info. L'inflation n'a aucun secret pour moi.