Économie

ING y la trampa naranja: Cómo el 'banco no banco' enseñó al sistema a ignorarnos

Lo que empezó como una liberación de las comisiones se ha convertido en la coartada perfecta del sector. ING demostró que se podía vivir sin oficinas; el resto de la banca tomó nota para cerrar el grifo del trato humano.

SG
Stéphane GuérinJournaliste
22 janvier 2026 à 17:013 min de lecture
ING y la trampa naranja: Cómo el 'banco no banco' enseñó al sistema a ignorarnos

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que tener una cuenta en ING era un acto de rebeldía suburbana. Era el año 2000, y mientras tu padre hacía cola en la caja de ahorros para actualizar la cartilla, tú operabas por teléfono con una entidad que prometía no molestarte. (Qué ironía leer esto en 2026, cuando lo que daríamos por que alguien, quien sea, se molestara en atendernos al otro lado de la línea).

Hoy, con más de 4,5 millones de clientes en España y récords de captación previstos para este año, la entidad holandesa ya no es el outsider. Es el profeta que validó el modelo más rentable y despiadado de la historia financiera moderna: la autogestión obligatoria.

"La banca tradicional no se digitalizó por convicción tecnológica, sino porque ING les enseñó que el cliente español estaba dispuesto a trabajar gratis para ellos a cambio de cero comisiones."

El barómetro está roto

Nos venden la transformación digital como un triunfo de la experiencia de usuario (UX), pero ¿es realmente así? Si miramos las cifras frías —y a mí me pagan por mirar cifras frías—, lo que vemos es un trasvase masivo de costes operativos del balance del banco al tiempo libre del ciudadano. ING fue el laboratorio de pruebas. Funcionó. Y entonces, gigantes como BBVA, CaixaBank y Santander dijeron: «¿Podemos cerrar 25.000 oficinas en una década y que la gente siga pagando? Sujétame el cubata».

La digitalización no ha democratizado las finanzas; ha estandarizado la precariedad del servicio. Ahora, la Cuenta Naranja ya no brilla por su rentabilidad (superada por neobancos agresivos como Revolut o Trade Republic), sino que sobrevive por inercia y por una app que, admitámoslo, sigue siendo más intuitiva que los laberintos barrocos de sus competidores ibéricos.

La gran nivelación (a la baja)

Para entender dónde estamos, hay que comparar lo incomparable. ¿Qué diferencia real queda hoy entre el pionero digital, la vieja guardia y los nuevos bárbaros del fintech?

ModeloLa PromesaLa Realidad 2026El Coste Oculto
ING (El Pionero)"Fresh Banking"Banca sistémica. Ya no son los más baratos ni los más ágiles.Estancamiento en innovación.
Tradicional (BBVA/Caixa)"Omnicanalidad"Apps potentes, oficinas vacías o cerradas.Exclusión financiera (mayores y rural).
Neobancos (Revolut/N26)"Global App"Funcionalidades infinitas, cero burocracia.Soporte por chat bot (si tienes suerte).

¿Qué futuro estamos comprando?

La pregunta incómoda que nadie hace en las juntas de accionistas es: ¿qué pasa cuando la eficiencia toca techo? ING ha demostrado que se puede captar al público joven (el 50% de sus nuevas altas tiene menos de 36 años) sin pisar la calle. Pero ese público joven, nativo digital, es infiel por naturaleza. Se irán al siguiente postor que ofrezca un 0,10% más de TAE o una interfaz con modo oscuro más bonito.

La transformación digital de la banca española, pilotada espiritualmente por el modelo ING, ha sido un éxito financiero rotundo para las entidades y una derrota social silenciosa. Hemos cambiado al director de sucursal que conocía nuestro nombre por un asistente virtual con nombre de persona (hola, Blue, hola Noa) que no entiende la ironía ni la urgencia.

Quizás el futuro de las finanzas personales no sea más tecnología, sino que el lujo real vuelva a ser, paradójicamente, poder hablar con un humano.

SG
Stéphane GuérinJournaliste

L'argent ne dort jamais, et moi non plus. Je dissèque les marchés financiers au scalpel. Rentabilité garantie de l'info. L'inflation n'a aucun secret pour moi.