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Sainz y el desierto: Cuando la leyenda vuelca (pero no se rompe)

Carlos Sainz llegó a Arabia Saudí con la corona de campeón y un Ford Raptor salvaje. Se fue con un vuelco espectacular y una lección de resiliencia que vale más que un trofeo.

MB
Mehdi Ben ArfaJournaliste
14 janvier 2026 à 10:013 min de lecture
Sainz y el desierto: Cuando la leyenda vuelca (pero no se rompe)

Imaginen la escena. El silencio absoluto del desierto saudí, roto solo por el viento que levanta arena fina. Y de repente, el rugido de un V8 que se corta en seco. El mundo gira al revés. Cielo, arena, cielo, arena. Golpe seco.

Así terminó, en la práctica, el Rally Dakar 2025 para Carlos Sainz. No fue un fallo de motor, ni un error de navegación de su fiel escudero Lucas Cruz. Fue la física recordándole al "Matador", a sus 62 años, que el desierto no tiene memoria ni respeta a los campeones vigentes.

Pero aquí es donde la historia deja de ser una crónica de sucesos y se convierte en algo más humano. Porque Sainz, con el coche destrozado, hizo lo que hacen los que llevan gasolina en las venas en lugar de sangre.

⚡ Lo esencial

Carlos Sainz, vigente campeón, tuvo que abandonar el Dakar 2025 tras un fuerte accidente en la etapa 2. Aunque logró llevar su Ford Raptor T1+ a la meta (sin parabrisas y ayudado por su compañero Mitch Guthrie), la FIA le impidió continuar debido a daños estructurales en la jaula de seguridad. El proyecto de Ford, sin embargo, demostró su potencial con el podio de Mattias Ekström.

El instinto de supervivencia (y competición)

Tras volcar en una duna traicionera durante la etapa, el coche quedó panza arriba, como una tortuga metálica indefensa. ¿El final? No para él. Con la ayuda de su compañero de equipo Mitch Guthrie, lograron voltear el gigante de acero.

Sainz condujo hasta la meta sin parabrisas, tragando polvo, con el coche herido de muerte. Esa imagen —el veterano llegando al vivac con la mirada fija y el coche desvencijado— explica mejor qué es el Dakar que cualquier documental de Netflix.

"El resumen es que todo salió mal. Obviamente, mis posibilidades de ganar se han ido, pero si puedo ayudar al equipo, aprenderé y probaré cosas." — Carlos Sainz tras el incidente.

La dictadura del reglamento

Aquí entra la parte pedagógica, esa que a veces frustra al aficionado pero salva vidas. Sainz quería seguir. El coche arrancaba. Pero los comisarios de la FIA dijeron "no". ¿Por qué? Por la jaula de seguridad.

👀 ¿Por qué una jaula doblada te manda a casa?

La jaula de seguridad (roll cage) es el esqueleto que protege a los pilotos. Si se deforma, aunque sea milimétricamente, su integridad estructural se compromete. La FIA es inflexible: ante un segundo vuelco, una jaula ya "tocada" podría colapsar y aplastar a los ocupantes. No es burocracia, es la línea roja entre un susto y una tragedia.

Ford: Un debut agridulce pero prometedor

Más allá del drama de Sainz, hay que mirar la foto completa. Ford y M-Sport no vinieron a pasearse. El abandono de Sainz eclipsó un hecho crucial: el coche es rápido. Mattias Ekström logró llevar el otro Raptor al podio final (3º lugar), demostrando que la máquina tiene ritmo para desafiar a los Dacia y Toyota.

Sainz ha pasado de ganar con la tecnología espacial de Audi a desarrollar la fuerza bruta del Ford. Este año la moneda cayó del lado de la cruz, pero la velocidad estaba ahí.

¿El último baile?

Es la pregunta que flota en el aire cada enero. ¿Volverá? Con 62 años, muchos estarían jugando al golf. Sainz estaba volando sobre dunas a 170 km/h. Su retirada forzosa no tuvo sabor a despedida, sino a asunto pendiente. El proyecto Ford está en pañales y Sainz es un desarrollador nato.

El Dakar 2025 nos enseñó que incluso las leyendas sangran (metafóricamente), pero también nos recordó por qué las admiramos: no por las veces que ganan, sino por cómo se levantan cuando vuelcan.

MB
Mehdi Ben ArfaJournaliste

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