Operación Devas: El código secreto y la guerra de poder que sacude a Indra
Mientras el Gobierno orquestaba un golpe fallido en su consejo de administración, el verdadero motor de la soberanía nacional seguía operando en la sombra. Lo que los despachos intentan ocultarte sobre el titán tecnológico español.

Madrid, finales de marzo de 2026. (El aire en la planta noble de la Avenida de Bruselas cortaba más que los contratos de defensa que allí se negocian). Nos han vendido una historia oficial prefabricada: un simple «conflicto de intereses» frenó la fusión entre Indra y la empresa de armamento EM&E. Un tira y afloja corporativo sin mayor trascendencia. Falso. Lo que realmente se jugó en el tenso consejo de administración del 25 de marzo fue el control absoluto del sistema nervioso del Estado español.
¿Te has preguntado alguna vez quién gestiona la infraestructura invisible de nuestra soberanía? No son los ministerios. Indra es quien cuenta tus votos en cada cita electoral. Indra es quien diseña los radares que vigilan nuestro espacio aéreo. Indra es quien lidera nuestra codiciada participación en el FCAS, el futuro caza de combate europeo impulsado por inteligencia artificial. Cuando hablamos del «algoritmo oculto» de esta compañía, no nos referimos a unas líneas de código en un servidor aislado. Hablamos de la ecuación de poder más opaca del país: una mezcla de fondos de inversión, sillones de consejeros y la llave maestra de la seguridad nacional.
👀 ¿Qué desató realmente el pánico en la Moncloa?
La SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) intentó decapitar a Ángel Escribano con la excusa de que comprar su propia empresa (EM&E) cruzaba líneas éticas. Pero los pasillos saben que el miedo era otro. Convertir a Indra en el hiper-campeón nacional de la defensa implicaba ceder demasiado poder a un solo linaje empresarial. Escribano no parpadeó: renunció a la compra de su empresa familiar, sí, pero se atrincheró en la presidencia de Indra blindado por accionistas de peso. El Ejecutivo tuvo que envainar la espada.
La aritmética de este conflicto no perdona. Atravesamos un momento de tensión geopolítica abrasador. La reciente escalada bélica en Irán está alterando todas las proyecciones de los bancos centrales y disparando la cotización del sector armamentístico europeo. Mientras gigantes como Rheinmetall o Thales ven sus acciones volar, la parálisis directiva en España es un lujo inasumible. El consejero delegado, José Vicente de los Mozos, repite casi como un mantra que estamos listos para jugar la «Champions League» de la defensa comunitaria. (Una metáfora muy futbolera, pensada para que nadie pregunte demasiado sobre los blindajes estratégicos reales).
«La coherencia institucional no es una opción, es una obligación cuando están en juego intereses estratégicos del país. Indra no es una empresa más. Es una pieza clave en la construcción de la soberanía tecnológica».
Esta advertencia, filtrada desde las trincheras sindicales en pleno pico de la crisis, resume a la perfección el sentir de quienes mantienen los servidores encendidos. ¿Qué cambia realmente tras este motín de marzo? Lo que pocos se atreven a admitir es cómo esta bicefalia tóxica impacta hacia afuera. Tienes a un presidente que resiste a la SEPI, a un CEO operando en aguas turbulentas y a un Gobierno accionista con el paso cambiado. Si el engranaje de Indra pierde el ritmo, no solo cae una empresa estratégica. Cae por completo la capacidad de influencia de España en el tablero militar de Bruselas.
Y mientras las facciones afilan los cuchillos para el próximo asalto, Indra sigue a lo suyo. Observando, calculando. Siendo el titán silencioso que mueve los hilos del país entero.


