El IRPF de los mutualistas: La última carrera de obstáculos de una generación
Hacienda prometió un trámite automático, pero para miles de jubilados, recuperar lo pagado de más se ha convertido en un laberinto digital donde el tiempo es el recurso más escaso.

A sus 82 años, Manuel guarda sus nóminas de 1975 en una caja de zapatos marca 'Pereda'. Están amarillentas, huelen a humedad y a historia industrial. Sin embargo, para la Agencia Tributaria, esos papeles son la única llave que abre la puerta a una justicia fiscal que llega con décadas de retraso. Manuel, que apenas acierta a usar el WhatsApp para ver las fotos de sus nietos, se enfrenta ahora a la 'Sede Electrónica', al sistema Cl@ve y a una burocracia que no entiende de artrosis ni de brecha digital.
Lo que debía ser una victoria del contribuyente tras la sentencia del Tribunal Supremo —que reconoció que los antiguos mutualistas tributaron de más y merecen una devolución en el IRPF— se está transformando en una carrera de resistencia.
El Estado, eficiente como un reloj suizo para cobrar, se vuelve sospechosamente torpe cuando toca devolver.
La premisa era sencilla: si cotizaste a una mutualidad laboral (Banca, Comercio, Construcción, Metalurgia...) antes de 1978, pagaste impuestos sobre el 100% de tu pensión cuando debiste hacerlo solo sobre una parte. El Supremo habló claro. Pero la traducción administrativa de esa sentencia es otro cantar. Hacienda lanzó un formulario 'sencillo' (nótese la ironía), prometiendo cruzar los datos automáticamente. ¿La realidad? Miles de cartas requiriendo documentación de empresas que ya no existen, de periodos donde los registros se llevaban a máquina de escribir.
¿Estamos ante un colapso técnico o una estrategia de desgaste? Muchos gestores fiscales, desbordados, apuntan a lo segundo. La digitalización forzosa de un colectivo octogenario no es un daño colateral; es una barrera de entrada. Y aquí surge la pregunta incómoda que pocos formulan: ¿Cuánto dinero se quedará en las arcas públicas simplemente porque el solicitante se rindió ante un mensaje de error en la web o, tristemente, falleció antes de ver el ingreso?
👀 ¿Qué pasa si el mutualista ya ha fallecido?
Este es el punto más doloroso del laberinto. Los herederos tienen derecho a reclamar los últimos cuatro años no prescritos. Sin embargo, el trámite muta de 'gestión' a 'gymkana'. No basta con el certificado de defunción; hace falta el testamento, la declaración de herederos, la renuncia o aceptación de la herencia y, a menudo, bucear en la vida laboral de un padre o madre fallecido para demostrar que trabajó en la Telefónica de 1970. Muchos hijos desisten porque el coste emocional y burocrático supera a la cuantía a recuperar.
La Agencia Tributaria defiende que está devolviendo millones a un ritmo récord. Y es cierto, las cifras macroeconómicas lucen bien en las notas de prensa. Pero la microeconomía, la de la cuenta corriente de Manuel, cuenta otra historia. La de una generación que levantó el país con sus manos y que ahora, para recuperar lo que es suyo, se ve obligada a pelear contra un algoritmo que no tiene memoria, ni piedad, ni prisa.
No es solo dinero. Es la sensación de que, para la maquinaria estatal, el ciudadano deja de ser una prioridad en el momento en que deja de ser productivo. La devolución llegará, probablemente. La pregunta es si Manuel seguirá aquí para disfrutarla.


