Jessica Goicoechea: La dictadura del brillo (y por qué nadie puede derrocarla)
Olvida la tendencia del 'feísmo' y la autenticidad forzada. Mientras todos corren a mostrar sus miserias en TikTok, el imperio de Goicoechea demuestra una verdad incómoda: la perfección plástica sigue siendo el activo más rentable.

Seamos sinceros. Llevo meses escuchando en las cenas de agencias de marketing —entre copas de vino que cuestan más que mi alquiler— que la "Era Instagram" ha muerto. Que ahora lo que se lleva es lo crudo, lo real, lo despeinado. La narrativa oficial es que la Gen Z rechaza la perfección inalcanzable. Pero luego miras las hojas de cálculo, los contratos de seis cifras y el retorno de inversión, y te das cuenta de que todos mienten.
Ahí es donde entra el caso de Jessica Goicoechea.
La falacia de la invisibilidad estratégica
Hay una corriente snob que sugiere que el verdadero lujo es desaparecer. El famoso "silencio estratégico". Tonterías. Si no estás, no facturas. Jessica (y su equipo, que son unos tiburones operando en la sombra) entendió hace mucho que la moneda de cambio no es el misterio, es la omnipresencia estética.
A diferencia de las estrellas fugaces de TikTok que dependen de un algoritmo esquizofrénico que hoy te ama y mañana te ignora, el modelo Goicoechea es el de la exposición continua de alta fidelidad. No hay días malos. No hay fotos borrosas. Es un catálogo viviente 24/7.
"En un ecosistema digital saturado de 'realidad' y llantos frente a la cámara, la perfección visual absoluta ya no es vanidad; es un refugio de estabilidad para las marcas de lujo."
¿Por qué sigue funcionando esto cuando supuestamente buscamos gente "con la que identificarnos"? Porque, y esto te lo digo desde dentro, el consumidor promedio no quiere ver su realidad reflejada (ya tienen suficiente con sus facturas y sus mañanas sin café). Quieren aspiración. Goicoechea no vende ropa de su marca GOI; vende la idea de que, si compras ese vestido imposiblemente pequeño, pertenecerás a esa élite genética.
La maquinaria detrás del 'Post'
He visto desgloses de campañas donde una sola historia de Jessica convierte más que diez vídeos virales de una influencer de humor. ¿Por qué? Porque ella ha construido una autoridad visual. Cuando publica, no es contenido; es editorial.
👀 ¿Por qué las marcas de lujo prefieren este modelo al viral de TikTok?
Es simple: Seguridad de Marca (Brand Safety). Un influencer caótico de TikTok es un riesgo; hoy es gracioso, mañana está cancelado por un comentario fuera de tono. El perfil tipo Goicoechea es un lienzo en blanco perfecto. Es predecible, es pulido y, sobre todo, eleva el producto. Las marcas de alta gama (High Ticket) no quieren que sus bolsos de 3.000€ aparezcan en un dormitorio desordenado, quieren el entorno aséptico y divino que Jessica domina.
El aburrimiento como estrategia ganadora
Quizás te parezca repetitivo. "Otra foto en bikini, otra alfombra roja". Exacto. Esa es la genialidad. La consistencia crea un hábito de consumo. Mientras otros influencers se queman tratando de reinventar la rueda cada semana con skits, bailes o polémicas, ella se mantiene estática en su pedestal.
Es el modelo clásico de Hollywood adaptado a la pantalla del móvil: la estrella inalcanzable. Y en un mundo donde todos son accesibles, ser inalcanzable es el único superpoder que queda. Jessica Goicoechea no necesita ser tu amiga (ni lo intenta), necesita ser tu ídolo. Y en esa distancia, queridos lectores, es donde se imprimen los billetes.


