Virginia Riezu: La "anomalía" del sistema que nadie se atreve a despedir
Se acabaron los guiones de hierro. Mientras las cadenas generalistas se hunden en la corrección política, una humorista navarra ha convertido el caos en su póliza de seguro. Te contamos lo que se dice cuando se apagan las cámaras.

Hay un rumor que corre por los pasillos de Mediaset y las productoras de la capital (y créanme, los pasillos hablan más que los directivos). Dicen que el guion es solo una sugerencia amable para Virginia Riezu. Mientras el resto de colaboradores suda tinta china intentando no pisar ninguna línea roja, ella parece bailar la conga sobre ellas.
No es casualidad. Es supervivencia.
Si has estado en una sala de redacción últimamente, sabrás que el pánico a la irrelevancia huele a café rancio y desesperación. La televisión lineal se muere, nos dicen. ¿La respuesta de la industria? Poner trajes más caros a los mismos bustos parlantes. Pero entonces llega Riezu, con ese aire de quien acaba de perder el autobús pero le da igual porque ha encontrado un bar abierto, y revienta la escaleta.
"Es la única persona en el plató que hace que el regidor se lleve las manos a la cabeza y al mismo tiempo el productor ejecutivo sonría viendo la curva de audiencia."
El arma secreta: La improvisación como escudo
Lo que pocos saben fuera del circuito de Malasaña es que Virginia no está "haciendo tele". Está haciendo supervivencia teatral. (Aquí es donde la cosa se pone técnica, pero seguidme). Su escuela no es el periodismo de raza ni el tertulianismo de bufanda; es el Jamming. La improvisación pura.
En un entorno donde los políticos sueltan argumentarios enlatados que dan ganas de lanzarse por la ventana, ella reacciona en tiempo real. ¿Que un invitado suelta una barbaridad? Ella no lo analiza; lo ridiculiza antes de que el tipo termine la frase. Eso, amigos, no se enseña en la facultad de Ciencias de la Información.
👀 ¿Por qué es intocable ahora mismo?
Fuentes internas nos confirman que su perfil (mujer, +40, rápida, sin filtros) es el "unicornio" que buscan los anunciantes. Atrae a la audiencia clásica de la tele que quiere compañía, pero retiene a los clips virales de TikTok que necesitan caos. Es un puente generacional disfrazado de humorista despistada.
La política del bufón necesario
Fijaos bien la próxima vez que salga en pantalla. No busca la aprobación del presentador (el error de novato número uno). Busca la complicidad de la señora que está planchando en Cuenca y del universitario cínico de Twitter. Al consolidarse como el verso suelto en programas como Todo es Mentira o sus incursiones en la radio, Riezu ha validado una tesis peligrosa para los puristas: la formalidad está sobrevalorada.
¿Qué cambia esto? Todo. Obliga a los demás a soltarse el nudo de la corbata. Si ella puede decir que el emperador está desnudo (y que además tiene mal gusto vistiendo), el resto de la mesa parece ridículamente encorsetado si no le sigue el juego.
La televisión necesitaba un descarrilamiento controlado. Y Virginia es la maquinista que se ríe mientras el tren toma la curva a toda velocidad.


