Cambio de hora: La inercia zombi de una medida que nadie quiere (ni necesita)
Dos veces al año, España sufre un 'jet lag' colectivo justificado por cifras de ahorro energético que datan de la era del fax. ¿Por qué seguimos torturando nuestros biorritmos si Bruselas ya dijo 'basta'?

Prepárense para el ritual. Ocurrirá de nuevo, como una maldición burocrática ineludible, en la madrugada del próximo cambio de estación. Moveremos las agujas (o miraremos cómo se mueven solas en nuestros móviles) y, al día siguiente, nos diremos unos a otros que estamos "más cansados de lo normal". Pero, más allá de la anécdota de café, la persistencia del cambio de hora en España es un síntoma de una parálisis política fascinante. ¿Seguimos haciéndolo porque funciona o simplemente porque nadie se atreve a ser el primero en detener la rueda?
La UE votó acabar con esto en 2019, pero la patata caliente sigue pasando de mesa en mesa mientras los ciudadanos siguen cambiando sus relojes.
El argumento oficial es un disco rayado que suena desde la crisis del petróleo de los 70: el ahorro energético. Sin embargo, si rascas la superficie de los datos, encuentras grietas del tamaño del Canal de la Mancha. El IDAE (Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía) sigue citando una estimación de ahorro de 300 millones de euros. El problema es que ese estudio tiene telarañas (data de hace años) y no contempla la revolución LED ni los nuevos hábitos de consumo. Hoy, encender la luz una hora antes o después tiene un impacto marginal en la factura nacional, pero el coste en nuestra salud —alteraciones del sueño, productividad mermada y riesgo cardiovascular— es una factura que pagamos en silencio.
⚡ Lo esencial
El BOE ya ha fijado las fechas de cambio hasta 2026, blindando la medida por inercia administrativa. Aunque el Parlamento Europeo abogó por su fin, la falta de consenso entre los países sobre qué horario mantener (¿invierno eterno o verano infinito?) ha congelado la decisión. Mientras tanto, España vive una anomalía doble: cambiamos la hora y, además, vivimos en el huso horario incorrecto (GMT+1) desde 1940, cuando deberíamos compartir hora con Portugal y Reino Unido.
Lo más irónico es la resistencia al cambio en un país que vive permanentemente con 'jet lag'. España no solo sufre el cambio estacional; sufre un desfase geográfico histórico. Cuando Franco adelantó los relojes para alinearse con la Berlín nazi, nos condenó a comer a las 15:00 y cenar a las 22:00, forzando nuestros horarios sociales a chocar contra la luz solar real. Eliminar el cambio de hora no arreglaría este desfase estructural, pero al menos dejaría de agravarlo dos veces al año.
¿Qué cambia realmente este tema? Que estamos ante un ejemplo de libro de "política zombi": una medida que camina muerta, sin respaldo científico actual, mantenida solo porque desmantelarla requiere un acuerdo geopolítico que nadie prioriza. Hasta que alguien en Bruselas o Madrid decida cortar el cable, seguiremos siendo rehenes de un ahorro fantasma.
Le pouls de la rue, les tendances de demain. Je raconte la société telle qu'elle est, pas telle qu'on voudrait qu'elle soit. Enquête sur le réel.


