Huelga en FGC: ¿Derecho laboral o teatro político en hora punta?
Cuando los servicios mínimos se decretan al 85%, la frontera entre la protesta y la normalidad se desdibuja. Analizamos la coreografía de un paro que irrita al usuario sin despeinar a la administración.

Dicen que es una huelga. Los sindicatos lo firman, los medios lo publicamos y las pantallas de la estación de Provença lo anuncian con ese destello rojo alarmista. Pero, seamos honestos: cuando el Departamento de Treball de la Generalitat decreta unos servicios mínimos del 85% en hora punta, uno empieza a sospechar si estamos ante una lucha obrera o ante un leve inconveniente administrativo.
El drama de Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya (FGC) no es nuevo, pero su guion se está volviendo predecible (y agotador). La ecuación es simple: los trabajadores reclaman mejoras —legítimas o no, ese es otro debate— y la administración responde blindando el servicio hasta tal punto que la huelga se vuelve invisible para la directiva, pero insoportable para el viajero. ¿Es esto proteger el derecho a la movilidad o neutralizar el derecho a la huelga?
La paradoja es cruel: con un 85% de trenes circulando, la huelga no tiene fuerza suficiente para paralizar el sistema, pero sí la justa para hacernos sentir como sardinas enlatadas en el túnel de Sarrià.
La guerra de las cifras y el usuario rehén
Aquí es donde el analista escéptico debe arquear la ceja. Nos venden la idea de que los servicios mínimos son un "equilibrio". Falso. Son una herramienta política. Si FGC fuera una empresa privada de transporte de mercancías, el paro sería total. Pero al ser servicio público esencial, entramos en terreno pantanoso.
Lo que nadie dice en voz alta es que FGC es la "joya de la corona" del transporte catalán (siempre comparada con la caótica Rodalies). Una huelga real, una que dejara los andenes vacíos, sería una mancha política inaceptable para el Govern. Por eso los servicios mínimos son tan altos aquí, mucho más que en otros sectores.
| Perspectiva | Definición de "Servicios Mínimos" | Resultado Real |
|---|---|---|
| Administración | Garantía de movilidad ciudadana (85%) | "Aquí no pasa nada, circulen" |
| Sindicatos | Vulneración del derecho a huelga | Impotencia negociadora |
| Usuario | Eufemismo de "aglomeración" | Llegar tarde y sudando |
Lo que cambia realmente (o no)
¿Sirve de algo este pulso? Rara vez. Los sindicatos denuncian los decretos de servicios mínimos como "abusivos" ante los tribunales. A veces ganan, pero la sentencia llega dos años tarde, cuando la huelga ya es historia y el viajero ya ha olvidado por qué llegó tarde aquel martes de febrero.
El verdadero impacto no está en las tablas salariales, sino en la erosión de la confianza. Cada vez que se anuncia un paro en la línea del Vallès o Llobregat-Anoia, el ciudadano no piensa en solidaridad obrera; piensa en buscar las llaves del coche. Y eso, en una ciudad que declara la guerra al vehículo privado, es la ironía final. ¿Queremos transporte público? Sí. Pero, ¿queremos que funcione o que finja funcionar mientras se pelean en los despachos?
Le pouls de la rue, les tendances de demain. Je raconte la société telle qu'elle est, pas telle qu'on voudrait qu'elle soit. Enquête sur le réel.


