Environnement

Milano-Cortina 2026: La verdad incómoda bajo la nieve artificial

Los Juegos de Invierno prometieron ser los más verdes de la historia. Pero entre Bormio y Cortina, las grúas y los cañones de nieve cuentan otra historia: la de una batalla perdida contra el clima y una factura que pagarán los ecosistemas alpinos.

JM
Julie MassonJournaliste
15 février 2026 à 02:054 min de lecture
Milano-Cortina 2026: La verdad incómoda bajo la nieve artificial

Nos vendieron una postal inmaculada. Unos Juegos Olímpicos de Invierno «generalizados», repartidos por el norte de Italia para aprovechar, supuestamente, las infraestructuras existentes. La promesa del Comité Olímpico Internacional (COI) y de la organización italiana era seductora: sostenibilidad, bajo coste y cero elefantes blancos. Sin embargo, a menos de un año de la cita, la realidad sobre el terreno se parece más a una obra industrial a cielo abierto que a un idilio alpino.

La narrativa oficial choca frontalmente con la geografía y la termodinámica. Mientras los renders digitales muestran pistas perfectas y cielos azules, la preparación de las sedes de esquí alpino —la joya de la corona— está revelando las grietas de un modelo que agoniza bajo el peso del calentamiento global.

⚡ Lo esencial

Lejos de la «huella cero», Milano-Cortina 2026 enfrenta críticas feroces por la dependencia casi total de nieve artificial y la dispersión geográfica de las sedes. La preparación de las pistas históricas, como la Stelvio en Bormio y la Tofane en Cortina, ha requerido inversiones masivas en infraestructura hidráulica y modificaciones del terreno, desafiando la promesa de utilizar «lo que ya existe».

La falacia de los «Juegos Difusos»

¿Es sostenible un evento que obliga a atletas, prensa y espectadores a cubrir distancias de más de 400 kilómetros entre sedes? La organización llama a esto «Juegos difusos». Los ecologistas lo llaman locura logística. La separación entre Milán (hielo) y las sedes de esquí alpino en Bormio (hombres) y Cortina d'Ampezzo (mujeres) no solo es una pesadilla organizativa, sino una bomba de carbono en transporte.

TrayectoDistanciaTiempo (Carretera)
Milán ➔ Bormio (Esquí Masc.)~200 km3h 30m
Milán ➔ Cortina (Esquí Fem.)~410 km5h 00m
Bormio ➔ Cortina~230 km4h 15m

¿Quién paga esta dispersión? El contribuyente italiano, a través de inversiones estatales en carreteras que superan los 3.000 millones de euros, frente a una inversión ferroviaria mucho menor. Se ha priorizado el asfalto sobre el riel, cimentando un legado de movilidad privada en el corazón de los ecosistemas más frágiles de Europa.

Bormio y Cortina: La industrialización de la montaña

Olvíden la nieve romántica que cae del cielo. Para garantizar la competición en la Pista Stelvio de Bormio y la Olympia delle Tofane en Cortina, la nieve se ha convertido en un producto manufacturado. TechnoAlpin, la empresa encargada, está desplegando un arsenal de cientos de cañones de nieve de última generación. No es solo cuestión de frío; es cuestión de agua. En un momento en que los Alpes sufren sequías invernales recurrentes, bombear millones de litros de agua para fabricar una superficie de competición plantea dilemas éticos que el COI prefiere ignorar.

«No estamos adaptando los Juegos a la montaña, estamos mutilando la montaña para que quepan los Juegos. La nieve técnica requiere embalses, tuberías y energía. Es una fábrica al aire libre.»

En Cortina, la situación es aún más tensa. La obsesión por reconstruir la pista de bobsleigh (con un coste que se ha disparado por encima de los 80 millones de euros) ha implicado la tala de alerces centenarios, un símbolo doloroso de la prioridad del hormigón sobre el patrimonio natural. Aunque el esquí alpino utiliza pistas existentes, las «adecuaciones» para la televisión y la seguridad exigen movimientos de tierra que alteran la hidrología de las laderas para siempre.

¿Qué cambia realmente?

Lo que Milano-Cortina 2026 está demostrando, quizás involuntariamente, es el fin de una era. El modelo actual de los Juegos de Invierno es incompatible con la crisis climática. Al forzar la maquinaria para mantener la ilusión de un invierno perpetuo mediante tecnología y gasto público, Italia no está celebrando el deporte; está organizando el funeral de la nieve natural. Los ganadores serán los constructores y las marcas; los perdedores, como siempre, serán los valles que, una vez apagadas las cámaras, se quedarán con las cicatrices de hormigón y las facturas del agua.

JM
Julie MassonJournaliste

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