Société

Morante en La Maestranza: El último vals de una España que se resiste a morir

Entre el humo de puro y el silencio sepulcral de la Puerta del Príncipe, el fenómeno Morante no es solo toreo: es el síntoma febril de una batalla cultural que se libra en la arena.

MC
Myriam CohenJournaliste
21 janvier 2026 à 17:013 min de lecture
Morante en La Maestranza: El último vals de una España que se resiste a morir

Nadie te lo va a decir a la cara en el bar del Hotel Colón, mientras se ajustan los gemelos de oro y fingen que todo sigue igual que en 1990. Pero el aire pesa distinto. Cuando José Antonio Morante de la Puebla pisa el albero de Sevilla, no estamos viendo solo a un hombre con medias rosas y un traje bordado en azabache; estamos presenciando un rito funerario. O quizás, un acto de resistencia desesperada.

He estado en esos pasillos estrechos, donde el olor a miedo se mezcla con el de la laca y el incienso barato. Lo que pasa con Morante (ese genio bipolar, capaz de la bronca más vergonzosa o de detener el tiempo con una verónica) es que encarna la contradicción absoluta de la España actual. Es un anacronismo viviente.

"Morante no torea para el público de hoy, torea para los fantasmas de Joselito y Belmonte. Por eso irrita tanto a los modernos y enloquece a los nostálgicos."

La Maestranza, ese templo que Sevilla cuida como si fuera el Vaticano del Sur, se transforma cuando él está en el cartel. Hay un silencio que duele. No es respeto, es pánico. Pánico a que el último hilo que conecta a esta sociedad hiper-tecnológica con su pasado atávico y sangriento se rompa definitivamente.

La burbuja dentro de la burbuja

Afuera de la plaza, el mundo ha cambiado. Los turistas miran con recelo, los activistas antitaurinos (cada vez más organizados, cada vez más ruidosos) gritan verdades incómodas sobre el sufrimiento animal y la subvención pública. Pero cruzas el umbral y el tiempo se pliega. Allí dentro, Morante es el sumo sacerdote.

¿Por qué sigue llenando? Porque vende algo que Netflix no tiene: verdad biológica. El riesgo de muerte real. En una sociedad aseptizada donde todo viene con advertencia de seguridad, ver a un tipo con cuerpo de no-atleta pasarse un animal de 500 kilos a milímetros de la femoral es la última droga dura legal.

👀 ¿Qué se esconde tras sus retiradas repentinas?

Se habla mucho de su "salud mental" en la prensa rosa, pero en los mentideros taurinos se susurra otra cosa. Morante sufre el peso de ser el último eslabón. No se retira solo por depresión o agotamiento (que también); se aparta porque el sistema taurino actual, industrializado y previsible, le asfixia. Él busca el arte en un negocio de carne. Y esa fricción le rompe.

La controversia es el oxígeno de su carrera. Si Morante fuera regular, sería un funcionario de la espada. Su genialidad radica en su imperfección, en ese "hoy no" que tanto enfurece al que ha pagado 100 euros por una entrada de sol. Es la antítesis de la productividad capitalista.

¿El fin de la fiesta?

Mirando a los tendidos, uno ve muchas canas y pocos TikTokers. La demografía es implacable. Morante en Sevilla es un espejo de aumento: refleja una estética sublime que se niega a pedir perdón, pero también proyecta la sombra de algo que se apaga. No es solo tauromaquia; es una forma de entender la vida, la muerte y el arte que no cabe en un algoritmo.

Cuando Morante se vaya definitivamente, y no será dentro de mucho, no solo se cortará una coleta. Se bajará el telón de una España que, para bien o para mal, ya no volveremos a ver.

MC
Myriam CohenJournaliste

Le pouls de la rue, les tendances de demain. Je raconte la société telle qu'elle est, pas telle qu'on voudrait qu'elle soit. Enquête sur le réel.