Vito Quiles: El algoritmo de la ira y el jaque al periodismo tradicional
Ni periodista convencional ni político al uso. Vito Quiles encarna el glitch definitivo de la democracia española: cuando el micrófono se usa como arma arrojadiza y la polémica cotiza más que la verdad.

¿Es un periodista? ¿Un agitador? ¿Un político encubierto? La pregunta en sí misma es una trampa. Intentar encasillar a Vito Quiles con las etiquetas del siglo XX es no haber entendido nada de cómo funciona la maquinaria de influencia en 2024. No estamos ante un reportero buscando la exclusiva, sino ante un creador de contenido que ha entendido que el Congreso de los Diputados es, en realidad, el plató de televisión más barato de España.
La irrupción de Quiles, inseparable del fenómeno Alvise Pérez y la agrupación Se Acabó La Fiesta (SALF), ha roto las costuras del protocolo parlamentario. (Y admitámoslo, el protocolo ya estaba bastante raído).
La estrategia es de manual: provocar el incidente, grabarlo, editar el corte donde te victimizas y servirlo caliente en Telegram. El periodismo es solo la coartada; el negocio es la indignación.
El híbrido imposible
Lo fascinante —y alarmante— del caso Quiles no es su ideología, sino su mutación constante. Se presentó en la lista electoral de SALF para las europeas (puesto 57, simbólico pero oficial) y, al día siguiente, exigía su acreditación de prensa para preguntar a los portavoces del Gobierno. ¿Se puede ser el perro guardián y el lobo al mismo tiempo?
Desde una perspectiva puramente analítica, las cifras no mienten. Mientras los medios tradicionales se desgarran las vestiduras analizando sus fake news o sus medias verdades, su audiencia crece exponencialmente. ¿Por qué? Porque Quiles no vende información. Vende una narrativa de "nosotros contra ellos".
| Periodismo Clásico | El Método Quiles |
|---|---|
| Busca contrastar fuentes | Busca la reacción viral |
| El protagonista es la noticia | El protagonista es él mismo |
| Legitimidad por cabecera | Legitimidad por likes |
La justicia como parte del show
Las querellas, las amenazas de detención y los conflictos con la Asociación de Periodistas Parlamentarios no son obstáculos en su carrera; son gasolina. Cada vez que un ministro se niega a responderle o un juez lo cita (aunque sea por un error de notificación), la narrativa del "mártir de la libertad de expresión" se fortalece.
Lo que pocos analizan es la rentabilidad de este caos. La polarización no es un efecto secundario, es el modelo de negocio. Si Quiles hiciera preguntas sosegadas sobre el PIB, nadie sabría quién es. Su éxito es el síntoma de una sociedad que ha dejado de leer para empezar a scrollear.
¿Estamos viendo el fin del periodismo de pasillos o el nacimiento de la política-reality? Probablemente ambas. Y mientras discutimos si debe tener o no una acreditación colgada al cuello, él ya está subiendo el siguiente vídeo. (Spoiler: tiene más visitas que el telediario de la noche).
Je hante les couloirs du pouvoir. Je traduis le "politiquement correct" en français courant. Ça pique, mais c'est vrai. Les lois, je les lis avant le vote.


