Política

Blas Infante: El "branding" que devoró al hombre

Olviden al notario de Coria. Hoy Blas Infante es una marca blanca, un comodín retórico que la Junta usa para vender tostadas con aceite cada 28F. ¿Qué queda del radicalismo original bajo tantas capas de barniz institucional?

RS
Roberto Silva
14 de fevereiro de 2026 às 02:053 min de leitura
Blas Infante: El "branding" que devoró al hombre

Se acerca otro 28 de febrero y la maquinaria está perfectamente engrasada. Verán a políticos de todo el espectro cromático —desde el azul gaviota hasta el rojo puño— peregrinar al kilómetro 4 de la carretera de Carmona. Pondrán flores, pondrán cara de circunstancia y citarán frases grandilocuentes sobre la "patria" y la "libertad". Es el ritual del Blas Infante descafeinado, una versión pasteurizada del personaje histórico diseñada para no ofender a nadie y servir a todos.

¿Alguien se ha parado a pensar en la ironía suprema de ver a herederos ideológicos de quienes lo fusilaron reivindicando su figura? (La política hace extraños compañeros de cama, pero esto ya es necrofilia electoral).

"Infante ha sufrido el destino de los grandes iconos pop: convertirse en camiseta. Ha pasado de ser un pensador georgista radical a un logotipo institucional inofensivo."

La realidad es mucho más áspera que la versión oficial de Canal Sur. El Infante real era un tipo incómodo. Un notario que hablaba de expropiaciones, que coqueteaba con el islamismo (o directamente lo abrazaba, ese melón no lo quieren abrir en San Telmo) y que defendía un federalismo que hoy le provocaría urticaria a la mitad del Parlamento andaluz. ¿Dónde encaja ese perfil en la Andalucía del "milagro económico" y el turismo de masas? No encaja. Se recorta.

La gran estafa del consenso

Durante décadas, el PSOE andaluz construyó su hegemonía sobre los huesos de Infante, fusionando partido e institución hasta que la verdiblanca parecía propiedad de Ferraz. Pero llegó el cambio de ciclo, y en lugar de derribar el mito, el PP de Juanma Moreno hizo algo mucho más astuto: apropiárselo. El "andalucismo moderado" actual es una operación de marketing brillante donde Infante ya no es un revolucionario, sino un abuelo entrañable que quería que todos nos lleváramos bien.

Se ha vaciado el contenido para quedarse con el continente. Se cita el "Ideal Andaluz" sin haber pasado de la portada. Porque si leyeran lo que Infante escribía sobre la propiedad de la tierra y los jornaleros, a más de un terrateniente actual (de los que se sientan en primera fila en los actos oficiales) le daría un síncope.

👀 El secreto a voces: ¿Se llamaba Ahmad?

Aquí es donde la historiografía oficial carraspea y mira hacia otro lado. Existen fuertes indicios y testimonios familiares de que Blas Infante se convirtió al Islam en 1924, en la mezquita de Agmat (Marruecos), adoptando el nombre de Ahmad. ¿Se imaginan a la Junta de Andalucía, tan vinculada a las tradiciones católicas y romeras, reconociendo que el Padre de la Patria rezaba hacia La Meca? Es la pieza del puzle que rompe el relato del andalucismo folclórico de pandereta y jamón. Preferimos al Infante notario que al Infante sufí.

¿Quién teme al Blas Infante real?

Al final, lo que tenemos es un santo laico. Una figura de cera a la que se le quita el polvo una vez al año. Nadie quiere discutir sus ideas porque sus ideas, hoy, son dinamita pura. Es más fácil reducirlo a un himno y una bandera que debatir sobre su visión de una Andalucía soberana y libre de latifundios (financieros o agrarios).

El marketing político ha ganado. Han conseguido que el hombre que fue asesinado por "propagar ideas revolucionarias" sea hoy el garante del status quo. Si eso no es una jugada maestra, que baje Ahmad y lo vea.

RS
Roberto Silva

Jornalista especializado em Política. Apaixonado por analisar as tendências atuais.